sábado, 6 de mayo de 2017

ALGUNAS IDEAS PARA LA PRODUCCIÓN DE SOYA EN VENEZUELA
(TERCERA PARTE DE UN TOTAL DE CUATRO)

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Mayo de 2017.

III/4.-CON QUÉ VAMOS A SEMBRAR SOYA (primera parte)

Una vez que se ha definido qué, cuánto, con quién, dónde y cuándo sembrar, queda por establecer con qué se realizarán esos programas. Esto incluye los insumos fundamentales para la adecuada atención a los cultivos, asumiendo que se tiene asegurado un financiamiento suficiente y oportuno, y un destino para la venta del producto a precios razonables. Esos insumos son básicamente semillas certificadas de variedades de comprobado buen comportamiento en nuestros sistemas suelo-clima, inoculantes a base de Bradyrhizobium japonicum que pueden incluir molibdeno (Mo), fertilizantes,  insecticidas, herbicidas, fungicidas y otros biocidas, maquinarias y equipos agrícolas, y transporte para el ingreso de insumos a las fincas y la salida de la cosecha hacia los centros de recepción.

Semillas: durante los años más recientes, en las siembras de soya que se han realizado en el país se ha utilizado casi exclusivamente un par de variedades provenientes de Brasil, identificadas como Tracajá y Sambaiba, y pequeñas áreas con otras variedades. Especialmente en Brasil, permanentemente están liberando nuevas y mejoradas variedades; así mismo, en el país aún hay instituciones como Fundación DANAC, Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado y otras, trabajando en evaluación y mejoramiento genético de esta especie, por lo que se espera que otros cultivares de más reciente desarrollo puedan ofrecer características favorables para ser utilizados en siembras comerciales.

Hasta hace poco tiempo, la mejor orientación que tenía el agricultor para la escogencia de la variedad a sembrar era la información producida por los Ensayos Regionales de Soya realizados por el FONAIAP desde 1987; después de varios años fueron suspendidos y luego el INIA trató de reiniciarlos en coordinación con SENASEM. Posteriormente se denominaron Ensayos Regionales Uniformes (ERU), y para la soya se suspendieron después de 1994 haciendo intentos por reactivarlos a partir del año 2004. Durante los años 2000 al 2002 se realizaron otras evaluaciones de variedades de soya, sin el carácter de ensayos regionales pero que sirvieron para introducir algunos materiales como las variedades Conquista, Suprema, DOKO, Prosoya 1 y 2, Celeste y otras. Posteriormente se evaluaron extraoficialmente las variedades Tracajá y Sambaiba, desarrolladas por EMBRAPA en Brasil para el estado de Tocantis y las regiones norte y noreste de dicho país.

En la actualidad, no se están realizando los ERU, y como se señaló anteriormente, solamente se utilizan las variedades Tracajá y Sambaiba en los programas comerciales que se llevan a cabo en el país para la producción de soya. La implicación de esto, es que las siembras comerciales de soya en Venezuela están expuestas a los grandes riesgos que implica utilizar solamente dos variedades, riesgos que pueden conducir al fracaso total de los programas, si llegara a ocurrir la aparición de algunas plagas o enfermedades ante las cuales estos materiales muestren una gran sensibilidad.

Para este primer año se debe utilizar en una mayor superficie, quizás en un 80%, las variedades Tracajá y Sambaiba debido a las experiencias previas, pero es necesario incluir algunas áreas con otras variedades de comprobada excelencia, para lo cual se debe consultar a Fundación DANAC, UCLA, INIA y alguna otra institución que disponga de materiales de soya previamente evaluados en nuestras condiciones. Además, para los ciclos de Norte-Verano se requieren variedades poco sensibles al fotoperíodo y que sean de ciclo corto o intermedio (alrededor de 90 días a cosecha) para un mejor aprovechamiento de lo reducido de esta parte de la temporada de lluvias. Entonces, hay un arduo trabajo por delante para lograr poner a disposición de los agricultores suficientes cultivares según las necesidades de cada sistema suelo-clima.

Fertilización de la soya: no se debe recomendar una dosis generalizada de fertilizantes, ya que la cantidad de nutrientes a aplicar va a depender de las condiciones de cada sistema suelo-clima que se utilice para la producción de soya. A continuación se presenta una forma de calcular un adecuado programa de fertilización para el cultivo de la soya, partiendo de un análisis de suelo:

1.-Si el suelo tiene problemas por excesos de sales solubles se debe consultar con un especialista para su recuperación o no sembrar soya en esas condiciones.

2.-pH del suelo >5,5, no hay problema de acidez. Si el pH del suelo < 5,5 corregir según las siguientes instrucciones:

2.1.-Contenido de arena superior a 50% y contenido de arcilla igual o inferior a 20%:
        -pH entre 4,7 y 5,4: aplicar 400 kg de caliza agrícola/ha
        -pH inferior a 4,7: aplicar 600 kg de caliza agrícola/ha
La caliza se aplica uniformemente sobre la superficie del suelo húmedo y se incorpora con los implementos de labranza. En este tipo de suelos, esperar al menos una semana para fertilizar y sembrar.

2.2.-Contenido de arcilla igual o inferior a 30%, con excepción de suelos arenosos, areno francosos y franco arenosos:
-pH entre 4,7 y 5,4: aplicar 800 kg de caliza agrícola/ha
        -pH inferior a 4,7: aplicar 1.000 kg de caliza agrícola/ha
La caliza se aplica uniformemente sobre la superficie del suelo húmedo y se incorpora con los implementos de labranza. En este tipo de suelos esperar al menos dos semanas para fertilizar y sembrar.

2.3.-Contenido de arcilla superior a 30%:
-pH entre 4,7 y 5,4: aplicar 1.200 kg de caliza agrícola/ha
        -pH inferior a 4,7: aplicar 1.800 kg de caliza agrícola/ha
La caliza se aplica uniformemente sobre la superficie del suelo húmedo y se incorpora con los implementos de labranza. En este tipo de suelos esperar al menos tres semanas para fertilizar y sembrar.

3.-Fertilización con nitrógeno: la soya por medio de una simbiosis que se establece en las raíces de la planta con bacterias del género  Bradyrhizobium, es capaz de fijar directamente el nitrógeno atmosférico para cubrir sus requerimientos. Entonces, se debe aplicar la fertilización biológica haciendo una adecuada inoculación de las semillas con las bacterias respectivas inmediatamente antes de la siembra y, si el suelo es muy pobre, se recomienda aplicar una dosis stándard de 20 kg de N/ha en una sola fracción al momento de la siembra, lo cual permite asegurar el suministro de este nutriente hasta cuando se inicie el proceso de fijación de N atmosférico por parte de las bacterias. En suelos pobres, de baja fertilidad, se recomienda utilizar inoculantes que contengan molibdeno.

4.-Fertilización con fósforo:
       
4.1.-El análisis de suelo indica nivel BAJO de P: como el suelo se encala o el pH>5,5, aplicar 70 kg de P2O5/ha.

4.2.-El análisis de suelo indica nivel MEDIO de P: como el suelo  se encala o el pH>5,5, aplicar 50 kg de P2O5/ha.

4.3.-El análisis de suelo indica nivel ALTO de P: como el suelo se encala o el pH>5,5, aplicar 30 kg de P2O5/ha.

5.-Fertilización con potasio:

5.1.-El análisis de suelo indica nivel BAJO de K:

5.1.1.-El contenido de arena es superior a 50% y el contenido de arcilla es inferior a 20%: aplicar 120 kg de K2O/ha, fraccionado, una fracción de 60 kg de K2O/ha al momento de la siembra y otra fracción de 60 kg de K2O/ha a los 25-35 días de edad del cultivo.

5.1.2.-El contenido de arcilla del suelo es inferior a 30%, excepto suelos arenosos, areno francosos y franco arenosos: aplicar 140 kg de K2O/ha en una sola fracción al momento de la siembra.

5.1.3.-El contenido de arcilla del suelo es igual o superior a 30%: aplicar 160 kg de K2O/ha, una sola fracción al momento de la siembra.

5.2.-El análisis de suelo indica nivel MEDIO de K:

5.2.1.-El contenido de arena es superior a 50% y el contenido de arcilla es inferior a 20%: aplicar 100 kg de K2O/ha, fraccionado, una fracción de 50 kg de K2O/ha al momento de la siembra y otra fracción de 50 kg de K2O/ha a los 25-35 días de edad del cultivo.

5.2.2.-El contenido de arcilla del suelo es inferior a 30%, excepto suelos arenosos, areno francosos y franco arenosos: aplicar 110 kg de K2O/ha en una sola fracción al momento de la siembra.

5.2.3.-El contenido de arcilla del suelo es igual o superior a 30%: aplicar 120 kg de K2O/ha, una sola fracción al momento de la siembra.

5.3.-El análisis de suelo indica nivel ALTO de K:

5.3.1.-El contenido de arena es superior a 50% y el contenido de arcilla es inferior a 20%: aplicar 40 kg de K2O/ha, fraccionado, una fracción de 20 kg de K2O/ha al momento de la siembra y otra fracción de 20 kg de K2O/ha a los 25-35 días de edad del cultivo.

5.3.2.-El contenido de arcilla del suelo es inferior a 30%, excepto suelos arenosos, areno francosos y franco arenosos: aplicar 70 kg de K2O/ha en una sola fracción al momento de la siembra.

5.3.3.-El contenido de arcilla del suelo es igual o superior a 30%: aplicar 100 kg de K2O/ha, una sola fracción al momento de la siembra.

6.-Relación Ca/Mg: en los programas de fertilización se debe mantener la relación Ca/Mg intercambiables con valores entre 2 y 7. Cuando la relación es baja (<2) porque hay poco Ca o mucho Mg y se encala, generalmente al encalar se corrige la relación Ca/Mg; si no se encala porque el pH es adecuado, se debe corregir la relación Ca/Mg aplicando 400 kg de caliza/ha. Cuando la relación Ca/Mg es alta (>7) porque hay muy poco Mg, se corrige aplicando 50 kg de MgO/ha, utilizando sulfato de magnesio o sulpomag.

7.-Fertilización con micronutrientes: en este caso, donde no tenemos mucho espacio para explicar a fondo el manejo de los micronutrientes, solo vamos a referirnos a las aspersiones preventivas. Si el análisis de suelo indica que el suelo es pobre en micronutrientes, o si no se reportan los niveles de micronutrientes pero el pH del suelo es de tendencia alcalina o mayor que 7,0, o si el suelo es en general muy pobre y de texturas gruesas (a, af y fa), las aspersiones preventivas de micronutrientes se consideran una buena opción.

En esas aspersiones preventivas se deben utilizar fertilizantes foliares que contengan mezcla de  micronutrientes, en dos aplicaciones, una en la primera etapa de alta tasa de crecimiento, que ocurre más o menos a los 20-25 días de edad del cultivo y, la otra, dos semanas después. Según la concentración de nutrientes en el fertilizante se aplican dosis que varían entre 0,5 y 1,0 kg/ha disueltos en 100 a 200 litros de agua, o puede seguir las instrucciones del fabricante, o puede consultar un especialista.

Consideración final: en las siembras de soya durante el ciclo Norte-Verano de los Llanos Occidentales, si este cultivo sigue a un cultivo de maíz o arroz que fue adecuadamente fertilizado y se realiza una correcta inoculación de las semillas, no es necesario aplicar fertilizantes, ya que la soya aprovechará el efecto residual de P y K, y el nitrógeno será suministrado por la mineralización de la materia orgánica y la fijación biológica. Esto representa una disminución significativa de los costos de producción, por lo que el punto de equilibrio de la gestión se obtiene con rendimientos modestos de la soya, que son los más probables durante estas siembras con poca lluvia y con variedades precoces.

Pedro Raúl Solórzano Peraza.
Mayo de 2017



martes, 2 de mayo de 2017

LA CRISIS AGRÍCOLA VENEZOLANA: LOS FERTILIZANTES
Ilusiones del gobierno para el ciclo 2017

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Mayo 2017

Recientemente hice un comentario en relación al arribo a Puerto Cabello de 160.000 sacos de fertilizantes NPK para el ciclo agrícola de este año 2017. Señalaba que eso, que parece una enorme cantidad de fertilizantes, solamente equivalía a 8.000 toneladas, y si se aplican 400 kg de ese fertilizante NPK por cada hectárea sembrada (kg/ha), alcanzaría para abonar 20.000 hectáreas. Esta cantidad de fertilizantes, para las ilusiones de los voceros oficiales de sembrar este año 4.000.000 de hectáreas, que requerirían 1.600.000 toneladas de fertilizantes, representa solo el 0,5% del total.

Nuevamente, el 27 de abril de 2017, salió otra información anunciando la llegada de 150.000 sacos de fertilizantes a Puerto Cabello, que equivalen a 7.500 toneladas, suficientes para abonar solamente 18.750 hectáreas. Quiere decir, que para finales de abril ya teníamos disponibles en el país 15.500 toneladas de fertilizantes que servirían para fertilizar 38.750 hectáreas, lo cual representa solo el 0,97% de los 4.000.000 de hectáreas que el gobierno anunció que sembrarían este año. Por eso digo que esos 4.000.000 de hectáreas son solamente una ilusión del gobierno para el ciclo agrícola 2017, cuando ya ha comenzado la temporada de lluvias en muchas regiones del país y para traer el resto del fertilizante requerido no alcanzan los restantes meses del año.

Recordemos que la industria nacional ha aportado en los últimos años un 60% de 800.000 toneladas de los fertilizantes comercializados en el país anualmente. En números redondos esto representa unas 480.000 toneladas hechas en Venezuela, de las cuales alrededor de 70% corresponden a nitrogenados distribuidos en urea 94% o 316.000 toneladas y sulfato de amonio 6% o 20.000 toneladas. El otro 30%, que es alrededor de 144.000 toneladas, se distribuye en unas 100.000 toneladas de NPK y 44.000 toneladas de fertilizantes fosfatados, básicamente fosfato diamónico.

Para 4.000.000 de hectáreas, aplicando 400 kg de NPK/ha, se requieren 1.600.000 toneladas de este tipo de fertilizante, como ya tenemos en el país 100.000 toneladas producidas por la industria nacional y 15.500 toneladas importadas, aún están faltando 1.484.500 toneladas, que para traerlas a puerto venezolano y distribuirlas en el territorio nacional se necesitarían cientos de barcos y miles de gandolas que no existen a nuestra disposición.

En relación a los fertilizantes nitrogenados, para 4.000.000 de hectáreas aplicando 200 kg de urea/ha, se requieren 800.000 toneladas, la industria nacional aporta cerca de 340.000 toneladas por lo que aún faltarían 460.000 toneladas de urea que deben ser importadas. Lo triste de esto es que Venezuela, para el año 2004 por ejemplo, llegó a tener una capacidad potencial para la producción de abonos nitrogenados de 2.510.000 toneladas anuales, lo cual representó en ese momento el 32% de la capacidad de producción de toda Latinoamérica, pero ese año solo se produjeron 370.000 toneladas que es aproximadamente 15% del potencial de producción. En los años noventa se llegó a producir cerca de 1.000.000 de toneladas de urea, buena parte de la cual era para exportación y hoy, unos 20 años después, para cubrir la ilusión de los 4.000.000. de hectáreas nos tendríamos que convertir en importadores de urea, un producto que entre los agricultores es tan criollo como la arepa, que dicho sea de paso, también la estamos importando.

En esta oportunidad, además, quiero referirme a otro aspecto interesante en la importación de fertilizantes ya que se está importando producto ensacado debido a la premura de la situación, por la improvisación que caracteriza al gobierno en todas sus acciones. En los momentos cuando en Venezuela las empresas privadas como Hydro Agri  y Agroisleña podían intervenir en la libre importación de fertilizantes, e incluso en la distribución de los fertilizantes producidos en la industria nacional por Pequiven, las negociaciones se realizaban generalmente con productos a granel.

La importancia de esto es que cuando se importan los fertilizantes a granel, para descargar los barcos se tiene que organizar una logística que incluye disponer de ensacadoras al lado de los buques, ocupando mano de obra para el ensacado y sellado de los sacos,  así como de la caleta para la carga de las gandolas. Todo ello significa actividades remuneradas para nuestros trabajadores y la utilización de materiales como sacos, hilos, equipos mecánicos y otros, producidos por industrias nacionales. Pero para aprovechar el valor agregado de esta actividad se necesita una buena organización y eficiente gerencia, cualidades que no existen en los entes gubernamentales actuales.

Por supuesto, no solamente los fertilizantes participan en esta crisis de nuestra agricultura, ya que situaciones similares de carestía y falta de oportunidad ocurren con los demás insumos para la producción, como son semillas de calidad, agroquímicos y otros.


Pedro Raúl Solórzano Peraza.
Mayo 2017.



jueves, 27 de abril de 2017

ALGUNAS IDEAS PARA LA PRODUCCIÓN DE SOYA EN VENEZUELA
(SEGUNDA PARTE DE UN TOTAL DE CUATRO)

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017.


II/4.-DÓNDE Y CUÁNDO SEMBRAR SOYA

Cuando se planifican programas comerciales de producción agrícola  se debe partir del conocimiento de los siguientes puntos: qué se va a producir, cuánto, con quién, dónde y cuándo, y con qué vamos a desarrollar esos programas, asumiendo que existe un mercado seguro para el producto cosechado. En este caso que nos ocupa, ya está definido que lo que vamos a producir es soya y que es necesario sembrar al menos unas 600.000 hectáreas para intentar cubrir nuestros requerimientos de este grano. Además, estos programas los vamos a desarrollar con los agricultores venezolanos, apoyados, cuando sea necesario, por personal técnico capacitado en el manejo de este cultivo y por especialistas en las diferentes áreas de la agronomía como pueden ser entomología, edafología, fitopatología, botánica y combate de malezas, mecanización agrícola, economía agrícola, mercadeo y otras.

La meta de sembrar 600.000 hectáreas de soya se logrará en el mediano plazo, ya que se debe comenzar con superficies moderadas para poder concentrar allí los esfuerzos necesarios y aspirar a lograr el éxito indispensable de estos programas agrícolas, éxito tan necesario para que el cultivo de la soya se arraigue definitivamente en nuestros campos agrícolas. Quizás se pueda iniciar el primer año con la siembra de 30.000 hectáreas, con una mayoría de agricultores con experiencia en el cultivo, y con actividades de adiestramiento para aquellos agricultores novatos en la siembra de soya. Se aspira llegar al total de la superficie requerida en un máximo de unos 8-10 años.

Conociendo qué, cuánto y con quién vamos a sembrar, en esta sección vamos a considerar dónde y cuándo vamos a desarrollar los programas de soya en Venezuela. Lo lógico es comenzar el primer año en las regiones donde se tiene experiencia con el cultivo, donde existen los recursos humanos y de maquinarias y equipos agrícolas, facilidades de transporte y suficientes centros de recepción, acondicionamiento y almacenamiento de las cosechas. En tal sentido, se deben seleccionar agricultores en el eje El Sombrero-El Tigre-Maturín y zonas aledañas, e incluir al menos 3.000 hectáreas para siembras de Norte-Verano en los Llanos Occidentales del estado Portuguesa.

Como contactos importantes para la selección y el compromiso de los agricultores de participar en el programa de producción de soya, se deben considerar las asociaciones de productores regionales y algunas individualidades con experiencia en el cultivo como el caso de la finca de la Familia Meneses entre El Sombrero y Chaguaramas, el señor Pedro Solano en El Socorro, el Ingeniero Ramón Bolotín en Turén y otros productores de Anzoátegui, Monagas y Portuguesa que han estado por años vinculados a este cultivo.

Es muy importante considerar que en cada caso, en cada región, los sistemas suelo-clima son diferentes y, por lo tanto, las fechas de siembra variarán especialmente según las características del ciclo de lluvias. En general, la época más conveniente para sembrar soya se selecciona en función de que en lo posible, el ciclo de la planta transcurra durante los días de mayor número de horas de luz y aprovechando la mayor cantidad de agua de lluvia durante su ciclo de vida. Esto permite que no ocurran mayores limitaciones de estos dos importantes factores de crecimiento y la planta pueda expresar toda su capacidad de producción. Por supuesto, se debe procurar que la cosecha coincida con períodos de poca precipitación para favorecer la labor de recolección y proteger la calidad del grano.

Con las consideraciones anteriores, para el primer año se recomienda concretamente la siembra de soya en las áreas potenciales de Guárico, Anzoátegui y Monagas, tan pronto como se tenga seguridad del inicio de la estación lluviosa y que el suelo se encuentre suficientemente húmedo para asegurar la pronta germinación de las semillas y la emergencia de las pequeñas plantas sobre la superficie del suelo. En otras palabras, la soya no se debe sembrar en suelo seco, y además se debe buscar que después de la germinación de las semillas se mantenga húmeda la sección superficial del suelo de tal manera que las plántulas puedan emerger fácilmente.

La fecha de siembra se puede prolongar por algo más de un mes, y corresponde en las áreas señaladas de Guárico, Anzoátegui y Monagas,  en años normales, a finales de mayo y todo el mes de junio. Sembrar después del mes de junio en aquellos casos cuando las lluvias comienzan en los primeros días de mayo, es riesgoso porque puede presentarse escasez de agua hacia los períodos de llenado de grano, causando anormalidades en el desarrollo del grano, aborto excesivo de vainas, bajos rendimientos y mala calidad del producto.

En algunos sectores del estado Monagas es posible establecer dos fechas de siembra ya que el ciclo de lluvias es bimodal, una durante el principal pico de lluvias que generalmente comienza en el mes de mayo, y otra para aprovechar el ciclo de Norte-Verano que es muy definido y permite la siembra tardía de la soya. La siembra realizada en el principal pico de lluvias puede llevar a coincidir la maduración de la soya con lluvias importantes, pero las características de los suelos de esta región, de texturas ligeras y alta conductividad hidráulica que son responsables de un rápido drenaje, permiten que se pueda realizar la cosecha mecanizada al poco tiempo después de la ocurrencia de una fuerte lluvia.

La soya debe sembrarse como segundo cultivo en las zonas bajas de la región de los Llanos Occidentales donde el ciclo de lluvias también es bimodal, después de la cosecha de maíz y de arroz que ocupan la sección de la primera moda que va de finales de abril a principios de octubre, recomendándose realizar las siembras de soya desde octubre hasta un máximo de la primera quincena de noviembre. Esto puede ajustarse de acuerdo a la irregularidad de los ciclos de lluvia, ya que si el inicio de la estación lluviosa se retrasa como ha ocurrido en algunos años, la siembra de Norte-Verano se puede prolongar hasta todo el mes de noviembre, siempre y cuando se utilicen variedades precoces, de ciclo corto y tolerantes al menor número de horas luz que ocurre en los meses finales del año.

En los llanos altos de Portuguesa y Barinas, en el pié de monte de estos estados, las siembras deben realizarse, al igual que para centro-oriente al comienzo de la estación lluviosa, aprovechando al máximo los días más largos del año y que las plantas puedan utilizar una buena cantidad del agua de lluvia, pero procurando que para el momento de la recolección, no se retrase la labor por motivo de excesos de agua o excesivo aguachinamiento de los suelos que pudieran impedir la entrada de las cosechadoras combinadas a los campos de cultivo. En estas situaciones, el drenaje superficial de los suelos se acelera favorecido por las pendientes del terreno.

Paralelamente a esos programas de siembras comerciales, se deben impulsar evaluaciones en otras regiones del país, con siembras experimentales o semi comerciales para evaluar variedades, fechas de siembra, densidad de población, fertilización, y otras variables, que permitan seleccionar otras regiones importantes para la expansión futura del cultivo.

Es recomendable establecer programas para la producción de semilla certificada de soya con las variedades más promisorias, lo cual es un proceso bastante exigente para lograr un producto de buena calidad, evitando incidencia de enfermedades, por lo cual se recomienda planificar estos programas para la época seca con la aplicación de riego.


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017.




lunes, 24 de abril de 2017

ALGUNAS IDEAS PARA LA PRODUCCIÓN DE SOYA EN VENEZUELA
(PRIMERA PARTE DE UN TOTAL DE CUATRO)

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017.

I/4.-MARCO DE REFERENCIA

Vamos a comenzar este tema presentando algunos episodios del pasado y del presente del cultivo de la soya en Venezuela y algunas proyecciones para su futuro, que puedan servir como marco de referencia para una mejor planificación de los posibles programas comerciales con este cultivo en el país.

El pasado de la soya en Venezuela ha estado lleno de incertidumbre. En un principio, no se pudo escapar a su necesidad ya que es la principal fuente de aceites comestibles del mundo y durante los últimos años hemos estado importando más de un millón de toneladas de soya, principalmente en forma de harina desgrasada como concentrado proteico para la elaboración de alimentos balanceados para animales y como aceite comestible; y una pequeña proporción la hemos importado en forma de grano para su industrialización en el país. A pesar de esta importancia del grano de soya para nuestra alimentación, en el pasado su cultivo en Venezuela estuvo caracterizado por la siembra de  superficies relativamente pequeñas, que sin embargo permitieron preparar un paquete tecnológico para el manejo del cultivo y promover investigaciones para desarrollar y evaluar genotipos de buen comportamiento en nuestras áreas agrícolas.

El presente de la soya en nuestro país, a pesar de haber ocurrido un incremento en las áreas sembradas, es deprimente, ya que se han planteado programas para mejorar su producción que no han tenido el éxito esperado; quizás por no tomar en cuenta el pasado, por no creer en nuestro conocimiento y basar dichos programas en tecnología extranjera que quiere imponerse sin evaluación previa. En otras oportunidades, por tener al frente de estos programas a personas que no conocen el cultivo, en ocasiones a extranjeros que no conocen nuestro medio rural y mucho menos las características de nuestros productores. Recordemos la experiencia con el Grupo Grobo, muy exitoso en su natal Argentina, con un contrato millonario del gobierno venezolano para la siembra de miles de hectáreas que prácticamente se perdió en su totalidad. Esto ha contribuido al fracaso de dichos programas que han tenido un costo enorme sin retribución alguna.

En el presente de la soya tenemos que hacer referencia a un nuevo movimiento para su producción en todo el país, pero que tiene sus más dinámicos propulsores en Portuguesa, lo han denominado “La Ruta de la Soya”, y han estado realizando siembras comerciales tanto en la temporada de lluvias como en el ciclo de Norte-Verano que ocurre en los Llanos Occidentales. Los resultados, sin haber sido extraordinarios, sí han sido prometedores en la medida que se vayan ajustando algunas prácticas agronómicas. En lo personal, le auguro un buen futuro a este esfuerzo, ya que ha sido iniciativa de los propios agricultores y quizás represente su participación en lo que hace unos años, en el 2005, consideré el renacimiento o palingenesia de la soya en Venezuela.

El futuro del cultivo de la soya en Venezuela, al igual que el de la mayoría de los cultivos que se pueden producir en el país, va a depender mucho de las políticas agrícolas que se implementen. Si realmente queremos lograr una soberanía alimentaria debemos dedicarnos a la producción agrícola organizada, priorizada, en la cual el cultivo de la soya debe tener una posición preponderante. La producción de este grano en el país debe servir para disminuir sustancialmente la importación de alimentos (aceites comestibles y concentrados proteicos) y para incrementar la producción agrícola interna, para aumentar significativamente y productivamente la ocupación de la gente del campo y para mejorar la fertilidad de nuestros suelos al incorporarles nitrógeno en forma natural, entre otros beneficios increíbles. 

No debemos permitir que nuestra riqueza petrolera y nuestra economía rentista sirvan de base para alimentar la flojera y la incuria en nuestros campos agrícolas, que aún permanecen productivos, gracias entre otras cosas, al tesón de nuestros agricultores.

Con excepción de las zonas montañosas y aquellas que permanecen la mayor parte del año cubiertas con agua, prácticamente todas las regiones del país han sido utilizadas con mayor o menor intensidad para la evaluación y producción comercial de soya; sin embargo, pocas de ellas han presentado las condiciones adecuadas para el éxito del cultivo. Las primeras siembras comerciales exitosas, promovidas por Protinal, C.A., se realizaron en el Valle de Aroa, estado Yaracuy, en el año 1967, con la variedad Improved Pelican que había sido la única con adaptabilidad suficiente para emprender estos programas comerciales, demostrándose que esta zona del país tiene un gran potencial para la producción de este grano. A partir de este momento se comenzaron a realizar siembras en otras regiones con resultados más o menos favorables, pero estos primeros intentos de establecer el cultivo dentro de nuestros programas agrícolas terminaron en 1975-76, siendo una de las causas principales el precio del grano, el cual era tan bajo que impedía que la soya compitiera con otros cultivos de mayor tradición y buenos rendimientos.

A mediados de los años setenta, en la Universidad de Florida, USA, se produjo la variedad Júpiter, de comportamiento muy aceptable en regiones tropicales, la cual comenzó a ser evaluada y multiplicada en Venezuela a partir de 1976 con resultados bastante satisfactorios. Esta variedad vino a reforzar a la variedad Improved Pelican y a la vez se utilizó como material para desarrollar nuevas variedades tropicalizadas.

A principio de los años ochenta se comenzó a evaluar el manejo de las sabanas orientales para la producción de soya, lográndose ensamblar distintos aspectos tecnológicos para lograr el establecimiento exitoso del cultivo de soya en esta región del país. Como consecuencia de estos esfuerzos, las sabanas de Anzoátegui y Monagas han sido asiento de la mayor actividad comercial con el cultivo de la soya, y hasta final de los años ochenta y principio de los noventa aún se consideraba como un cultivo de importancia. Cabe destacar que en 1988 se llegó a sembrar con soya en esta región cerca de 10.000 ha con excelentes resultados, indicando que esta zona del país puede llegar a ser la más importante para el desarrollo del cultivo de la soya en Venezuela. Efectivamente, para el año 2010, cuando se señala según cifras oficiales que se ha llegado a sembrar en el país unas 41.000 ha  con soya, más del 80% se ubicó en esta región. 

En 1979, en el marco del Programa Fundación Polar-Fusagri, se presentan los primeros resultados de sus trabajos con soya correspondientes a los Llanos Occidentales. En esta región se concluyó que las altas precipitaciones y su gran variabilidad hacia finales de año, dificultan la cosecha y favorecen enfermedades del grano. Por esta razón, a partir de 1980 este programa se concentró hacia la región nor-oriental del país, desde El Sombrero en Guárico hasta El Tigre en Anzoátegui, con menores lluvias y mejor definidas hacia finales de año que en los Llanos Occidentales, por lo que se consideró, y así resultó, con mejores condiciones para la explotación comercial de la soya.

Sin embargo, los Llanos Occidentales no se deben descartar para la producción de soya, ya que es factible sembrarla como segundo cultivo en lo que se conoce como ciclo Norte-Verano. Esta opción aún puede requerir algunas evaluaciones, entre otras cosas, en lo referente al manejo de las fechas de siembra, ciclo de vida de las variedades, nuevas variedades, fertilización residual y otros aspectos agronómicos.

En conclusión, hasta los momentos actuales se tiene que las mejores zonas de Venezuela para la producción de soya están ubicadas en una extensa área de las sabanas orientales de Anzoátegui y Monagas, buena parte de la zona de producción de maíz y similares en el estado Guárico y los Llanos Occidentales en el ciclo Norte-Verano con algunas evaluaciones previas. Otras zonas ubicadas en Yaracuy, Aragua, Carabobo, Lara y Zulia, donde se han realizado siembras menores con relativo éxito, ameritan algunas evaluaciones antes de lanzarse a programas de grandes extensiones, especialmente en lo relativo a comportamiento de variedades y manejo de los ciclos de lluvia y fotoperíodo, en conjunción con las fechas de siembra y poblaciones de plantas.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017.

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com


sábado, 8 de abril de 2017

PROSA Y VERSOS A LA AGRICULTURA Y A LOS AGRICULTORES

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017.

En Venezuela aún existe un buen número de personas que consideran que la agricultura es una actividad muy sencilla, que es solo tirar semillas al suelo y luego recolectar y vender la cosecha, y que por lo tanto, los agricultores trabajan poco y rápidamente se hacen ricos con esta actividad. Eso promovió hace unos años, que muchas personas ajenas al medio, tales como comerciantes, barberos, médicos, abogados, zapateros, y en general personas de cualquier actividad, intentaran dedicarse a la agricultura. Sin embargo, al poco tiempo solo fueron quedando en el campo los verdaderos agricultores.

Aquellos aventureros del campo, al comenzar a sentir sobre sus cultivos los rigores de tantas cosas desconocidas para ellos como los eventos erráticos de las lluvias, los ataques inmisericordes de insectos plagas, la invasión de los campos por malezas de veloz crecimiento, los accidentes de equipos y maquinarias agrícolas, la incomunicación a la finca porque la carretera se hizo intransitable o porque se cayó un puente en la vía, la romería necesaria para conseguir algún insumo específico para aplicar al cultivo en momentos de emergencia, la indefinición de precios y de condiciones para la recepción de la cosecha, el ataque de pájaros en el arroz o en el sorgo que puede acabar con la producción, las lluvias prolongadas y frecuentes de finales del ciclo que impiden la recolección y causan daños al producto cosechado, la falta de transporte para arrimar los insumos a la finca o para sacar la cosecha a los centros de recepción, en fin, al enfrentar tantas situaciones de negativo impacto sobre la actividad que querían emprender, fue cuando se dieron cuenta de las complejidades de la agricultura y de la valentía, compromiso, pasión, que se deben tener para ser agricultor.

Así, comenzó el éxodo de aquellos improvisados agricultores y a permanecer los campos cultivados a disposición de quienes admiran la agricultura en los siguientes términos:

Llegan las lluvias
despiertan los lirios sabaneros
y las aguas comienzan a llenar
las áreas que ocupan los esteros.

Los pastos comienzan a brotar
como verdes alfombras en potreros,
y el ganado agradecido va a pastar
para comenzar a llenar sus cuerpos lastimeros.

Los maizales florecen
y se pintan de amarillo
cuando el polen vuela enloquecido
para llegar a arropar a los pistilos.

Tierras planas y pesadas
donde destacan nutridos arrozales
con sus espigas doradas, agitadas,
al impulso de vientos matinales.

Cañaverales en flor, raíces y tubérculos,
patillas, pepinos y melones,
multitud de alimentos producidos
en estas tierras de tropicales condiciones.

En Venezuela siempre ha habido muchos agricultores de tradición y de corazón, conocedores del oficio, verdaderos hombres de campo. Aquellos que vibran de emoción con el olor de la tierra y del estiércol; que celebran la alegría de la lluvia refrescante; que disfrutan viendo germinar las semillas, viendo emerger las plántulas, crecer y desarrollarse, florecer e inundar los campos con su polen y sus perfumes característicos, con su colorido especial, viendo la formación de los frutos. Aquellos que celebran el nacimiento de un nuevo miembro de un rebaño; que despiertan felizmente con el canto de los gallos; que ven con satisfacción el crecimiento de las ubres de las vacas que al amanecer están repletas de leche.

Esos buenos agricultores son los que se entusiasman cuando el fruto del algodonero abre y expone a la vista su limpia fibra que blanquea los campos de cultivo; cuando las flácidas vainas de caraotas y frijoles se van abultando con el crecimiento de sus granos; cuando florece el girasol con sus llamativos pétalos amarillos que atraen a las abejas para que contribuyan en la polinización y se logre una abundante producción de semillas; cuando escuadrones de ginósforos se precipitan de las plantas de maní para enterrar sus puntas y promover la geocarpia, que resulta en la formación de frutos subterráneos llenos de almendras; cuando la tierra comienza a agrietarse por la presión del crecimiento de raíces y tubérculos comestibles; cuando florecen el limonero y el naranjo y la suave brisa nos trae sus perfumes de azahares; cuando los frutales comienzan a cargarse de guayabas, mangos, nísperos, lechosas, cambures, aguacates; cuando el mugido de las vacas recogidas en el corral nos avisa que el ordeño va a comenzar; cuando el incansable cacarear de las gallinas va acompañado de producción de huevos; y así, cuando ocurren tantas cosas en esta apasionante actividad que es la agricultura.

Tenemos buenos agricultores no hay que dudarlo. Aquellos que creen en esta actividad, verdaderos héroes del campo venezolano. Los llaneros y guayaneses que además de haber realizado acciones heroicas en la gesta libertadora del siglo XIX, hoy las realizan en los confines de nuestros llanos produciendo carne para surtir los frigoríficos citadinos y produciendo granos para la agroindustria; los agricultores zulianos con su leche y sus exquisitos quesos, con sus aves, con sus frutas tropicales de envidiable calidad, con sus uvas milagrosas; larenses y andinos con su avalancha del aromático café, de multicolores y perfumadas flores, de frescas hortalizas y frutos típicos de la región; los centrales endulzando el paladar del pueblo con su blanca y refinada azúcar; los falconianos con sus caprinos y pescado; y los orientales con sus pescados y sus sabanas cuarzosas plantadas de bosques para alimentar la industria de papel y las ebanisterías del país. Todos dedicados al uso adecuado de nuestros recursos suelo y agua.

Por eso es que el refranero popular es sabio y tiene uno que dice “zapatero a tus zapatos”, lo cual me permite referir un caso que me ocurrió con el barbero italiano que me estuvo cortando el cabello durante muchos años y un día me dijo: ingeniero, compré una finquita en Guárico, voy a sembrar maíz pero me dijeron que tenía que echarle fertilizante, alguien me dijo que usted podía ayudarme, dígame ¿qué le echo? Ante tanto desconocimiento de lo que es la agricultura le respondí: échele bolas y rece bastante. Ya eso era un signo del fracaso que le  esperaba.

La agricultura es un arte y los agricultores son los artistas.


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017.




EL MISMO CUENTO PARA EL CICLO AGRÍCOLA 2017

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril 2017.

Al igual que en los años recientes, según el gobierno del socialismo del siglo XXI, este año nuevamente se incrementará la producción de alimentos en el país para contribuir con la soberanía y la seguridad alimentarias. Más o menos la misma arenga de todos los años, pero esta vez más exagerada y en palabras del propio presidente de la república quien dijo: “dentro de poco el gobierno logrará que de 3 millones de hectáreas productivas se alcancen 4,8 millones de hectáreas cultivadas”. Por su parte, José Agustín Campos, presidente de la Confederación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Venezuela (CONFAGAN), señaló que sembrarán 4 millones de hectáreas en rubros de ciclo corto en el año 2017, especialmente maíz para harina precocida.

Tengo que repetir que la agricultura no es decir vamos a sembrar, si no por el contrario, es sembrar. Agricultura no es asignar recursos para el sector, si no que éstos sean suficientes e invertirlos adecuadamente. Para eso no se puede improvisar, al contrario, se requiere una organización, una disciplina, una planificación basada en qué, cuánto, dónde, con qué y con quién vamos a sembrar.

1.-¿Qué vamos a producir?: se necesita producir alimentos energéticos como azúcar, cereales y semillas oleaginosas; y fuentes de fibra y de proteínas tanto animal como vegetal.

2.-¿Cuánto vamos a producir?: en función de la seguridad alimentaria esperada, podemos estimar cuánto vamos a producir.

3.-¿Dónde vamos a producir cada cultivo?: en los sistemas suelo-clima mejor adaptados para cada cultivo.

4.-¿Con qué produciremos?: durante los años más recientes ha sido notoria la escasez de los insumos básicos para la agricultura, en todos los rubros y en todas las regiones del país. Si se quiere tener éxito con los programas agrícolas, esos insumos deberían llegar a las unidades de producción a tiempo, en las cantidades requeridas, y del tipo y calidad exigidos por los agricultores.

5.-¿Con quién produciremos?: en el país existe un buen número de productores agrícolas, capacitados, con experiencia, en muchos casos especializados en determinados cultivos y manejando muy específicos sistemas de producción, quienes serán los  principales protagonistas de la actividad agrícola nacional. Junto a ellos estarían los pequeños productores, que tienen que ser apoyados y mejorados en cuanto al suministro de recursos incluyendo asistencia técnica.

6.-Otros: se debe satisfacer el área de financiamiento de la producción, incluyendo, además del apoyo para cubrir los costos directos de producción, las inversiones en infraestructura y en equipos y maquinarias agrícolas. También, promover la titularidad de las propiedades de los agricultores, así como brindarles seguridad personal que es un deber constitucional de los gobernantes para con los ciudadanos. Finalmente, comprometer a las industrias receptoras de materia prima para llegar a acuerdos que sean satisfactorios para ellos, pero también para productores y consumidores.

En vista de que ninguno de esos puntos, que son clave para el éxito de los programas agrícolas ha sido tomado en cuenta, con excepción de señalar que se sembrarán 4 millones de hectáreas, hemos considerado que es el mismo cuento de los años recientes. Los agricultores pueden contribuir en lo referente a qué sembrar y dónde y con quién hacerlo, el cuánto sembrar lo ha fijado el gobierno, pero el principal problema es con qué vamos a sembrar, lo cual es la piedra de tranca de todo este cuento.

Hoy es 8 de abril de 2017 y FEDEAGRO señala que apenas se ha movilizado un 5% de los insumos requeridos para sus siembras y, además, en el país no está la semilla de maíz necesaria para cubrir la superficie posible con este cultivo. Ellos mismos destacan que la escasez de fertilizantes será muy grave para este ciclo, cuyas primeras áreas se comienzan a sembrar a partir del 15 de abril, es decir, en apenas 7 días a partir de hoy. Con este insumo insustituible, los fertilizantes, voy a hacer una sencilla explicación, ya que esta semana, en una noticia de prensa, se indica que a Puerto Cabello llegó un barco con 160.000 sacos de fertilizantes

Para el ciudadano común, que desconoce la materia, esa cantidad de sacos parece enorme y viene a solucionar el suministro de este insumo. Sin embargo, no es así y expliquemos la situación:

1.-Esos 160.000 sacos contienen 50 kg cada uno para un total de 8.000 toneladas de fertilizante.
2.-Se desconoce la composición de ese producto, posiblemente sea una fórmula compleja NPK, lo más probable 10-20-20 CP que ha sido la más distribuida en los años recientes.
3.-De esa fórmula, estimemos que se deben aplicar en promedio 400 kg (0,4 toneladas) por hectárea, que equivalen a 8 sacos. Quiere decir que con los 160.000 sacos se puede fertilizar solamente 20.000 hectáreas.
4.-Si se van a sembrar 4 millones de hectáreas, aplicando un promedio de 0,4 toneladas por hectárea, se requieren 1,6 millones de toneladas de fertilizante NPK. Si además se deben aplicar 200 kg de fertilizante nitrogenado adicional, se requieren 800.000 toneladas de nitrogenado que es generalmente urea. Por lo tanto, en total se requieren 2,4 millones de toneladas (2.400.000 toneladas) de fertilizantes para atender 4 millones de hectáreas.
5.-Durante los pasados 5 años se ha distribuido en el país alrededor de 800.000 toneladas anuales de fertilizantes, de las cuales 40% ha correspondido a productos importados y 60% productos provenientes de nuestra industria, principalmente urea. Como esta tendencia no va a variar ya que la industria de fertilizantes no ha mejorado este último año, la producción nacional de fertilizantes seguirá siendo 60% de 800.000 toneladas o 480.000 toneladas. Quiere decir que para 4 millones de hectáreas se debe importar 1.920.000 toneladas.
6.-Como esta semana llegaron las primeras 8.000 toneladas de fertilizantes solo falta por importar 1.912.000 toneladas. Ese producto tiene que negociarse en los mercados internacionales, luego es preciso contratar los barcos para traerlo y después distribuirlo en todo el país.
7.-Para movilizar esa cantidad de fertilizante se necesitan más de 63.700 viajes de gandolas, ya que cada una puede transportar 30 toneladas. Si durante el tiempo que dure la distribución de los fertilizantes por todo el país cada gandola puede realizar 10 viajes, habría que disponer de unas 6.500 gandolas.

Creo que finaliza el ciclo de lluvias de este año y no se ha terminado de negociar ese fertilizante, mucho menos se habrá contratado los fletes para traerlo a puertos venezolanos y menos aún se habrá contratado y organizado las gandolas para toda esa movilización. La situación se hace más crítica si tomamos en cuenta que para esos 4 millones de hectáreas se requiere, como mínimo, disponer de unos 10 millones de unidades (kg o litros) de herbicidas y unos 5 millones de litros de insecticidas, todo eso sin incluir las semillas. Por eso digo que para el ciclo del 2017 estamos ante el mismo cuento de todos estos funestos años para la agricultura venezolana.

Con esta improvisación gubernamental no se puede llegar a ninguna parte. Programas agrícolas serios tienen que ser elaborados en todas sus instancias por personas que conozcan de la materia, no por estos paracaidistas que han estado volando de un ministerio a otro durante estos 18 años, como si estas dependencias oficiales fuesen centros sociales, campos deportivos o cuarteles.


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2017