lunes, 20 de abril de 2020

Fertilización fosfatada biológica


Fertilización Fosfatada Biológica (FFB)
(Promoción y mejoramiento de procesos naturales donde intervienen seres vivos, que resultan en suministro de fósforo para las plantas)
  
En anteriores artículos hemos hablado de la Fertilización Biológica y de la Fertilización Nitrogenada Biológica, en esta oportunidad se tratará la Fertilización Fosfatada Biológica.

Es conveniente enfatizar que el concepto de Fertilización Biológica, referido a la utilización y mejoramiento de procesos o fenómenos naturales donde intervienen seres vivos, los cuales sirven para mejorar la disponibilidad y aprovechamiento de los nutrientes esenciales por parte de las plantas, es muy diferente del concepto de biofertilizantes o fertilizantes orgánicos. Éstos, son cualquier sustancia de origen animal o vegetal que se aplique al suelo para mejorar su fertilidad, tienen y generan vida al incorporarlos al suelo, por lo que son capaces de descomponerse, transformarse, mineralizarse. Así, convierten sus nutrientes a formas  disponibles para las plantas, mejoran las propiedades físicas de los suelos como estructura y porosidad, al aumentar los niveles de carbono mejoran la vida del suelo, y pueden amortiguar las variaciones de pH al tiempo que incrementan la capacidad de intercambio catiónico. En la Fertilización Biológica se utilizan microorganismos vivos en forma de inoculantes.

En la Fertilización Nitrogenada Biológica se utilizan diazótrofos, tales como bacterias de los géneros Bradyrhizobium y Azospirillum, capaces de fijar nitrógeno atmosférico. En la Fertilización Fosfatada Biológica existen dos vías fundamentales, una basada sobre el uso de microorganismos capaces de solubilizar fosfatos para ponerlos a disposición de las plantas; la otra, el uso de hongos micorrízicos para asociarse a las raíces de las plantas y aumentar su capacidad exploratoria de suelo, que le permite a la planta alcanzar mayores cantidades de fósforo en la solución del suelo.

-Existe un grupo de microorganismos del suelo que tienen la capacidad de solubilizar fosfatos del suelo para ponerlos a disposición de las plantas. Es el caso de hongos de los géneros Aspergillus y Penicillium, que son los principales responsables por la solubilización de fosfato dicálcico; y bacterias de los géneros Pseudomonas, Rhizobium y Bacillus, que pueden hidrolizar diversos compuestos fosfatados al producir enzimas fosfatasas ácidas, para finalmente liberar el fósforo que se encuentra insoluble en esos compuestos. Estos microorganismos, además, contribuyen a elevar la eficiencia de los fertilizantes químicos, y producen sustancias que estimulan el crecimiento de las plantas o que tienen efectos antagónicos sobre microorganismos patógenos.

En el caso específico del fósforo, las bacterias solubilizadoras de P (BSP) generalmente están presentes en los suelos, pero sus poblaciones no son suficientes para competir con otros microorganismos que abundan a nivel de la rizósfera, por lo que para tener una solubilización de P efectiva, es necesario realizar inoculaciones con altas poblaciones o altas concentraciones de BSP. Sobre la base de este mismo principio, se producen fertilizantes con P soluble, como el caso del fertilizante fosfórico PHS, producido por la fusión de roca fosfórica con azufre elemental e inoculación con bacterias del género Thiobacillus. Las bacterias oxidan el azufre generando un ambiente ácido que solubiliza el fosfato de la roca. En Venezuela, el INIA y quizás otras organizaciones, han evaluado BSP entre las cuales destaca el Bacillus megatherium var. Phosphaticum.

-Micorriza se define como la relación simbiótica entre hongos y raíces.

Los hongos micorrízicos juegan un papel importante en el uso del P del suelo por muchas especies de plantas, a través de una simbiosis poco específica que favorece la absorción de este nutriente esencial. Las más importantes son las Ectomicorrizas que no penetran la pared celular de las raíces, y las  Micorrizas Arbusculares que realizan colonización intracelular y son identificados como MA. Las Ectomicorrizas son particularmente importantes en especies maderables de gran valor económico, mientras que las MA se encuentran presentes en todos los phyla incluyendo muchas gimnospermas y la gran mayoría de las angiospermas.

Las MA favorecen la absorción de agua y nutrientes por parte de las plantas. Esto es muy importante en el caso del P, ya que éste es un elemento que se encuentra en pequeñas concentraciones en la solución del suelo, además de moverse hacia las raíces de las plantas a muy baja velocidad por el fenómeno de difusión. Alrededor de las raíces se crea una zona con menor concentración de P que en el resto de la solución del suelo, debido a que la velocidad de absorción por la planta es mayor que la movilidad del P hacia las raíces, lo cual crea un flujo por difusión hacia la rizósfera. Las MA actúan como una extensión del sistema radical, permitiendo a las plantas explorar mayor volumen de suelo en su búsqueda de agua y nutrientes. Además, se ha determinado que las MA son más eficientes que las raíces en la absorción de P, en términos de absorción/longitud radical.

En conclusión, en momentos cuando se requiere mayor eficiencia en la actividad agrícola, cuando es necesario reducir costos de producción, y es imperativo proteger el medio ambiente mejorando la vida del suelo y su secuestro de carbono para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero como el CO2, la utilización de la Fertilización Biológica cada vez que exista la posibilidad de aplicarla es una obligación ineludible. Esperemos que los desarrollos científicos y tecnológicos por venir, logren ampliar el concepto de la Fertilización Biológica al mayor número posible de nutrientes esenciales, más allá del Nitrógeno y el Fósforo, que permitan disminuir cada vez más la aplicación de fertilizantes químicos, especialmente en el caso de P cuando sus fuentes son finitas en la naturaleza.

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

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Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2020.





miércoles, 15 de abril de 2020

La riqueza petrolera de Venezuela y el caos de la gasolina



Desde antes del Descubrimiento de América, ya los aborígenes que habitaban el territorio que hoy es Venezuela, utilizaban con fines medicinales, como combustible y para calafatear las embarcaciones, una sustancia negra que afloraba a través del suelo al cual llamaron “mene”.

En 1875, después de un temblor de tierra, en una hacienda del estado Táchira llamada La Alquitrana, comenzó a manar petróleo en cantidades importantes, propiciando que se creara la primera empresa petrolera venezolana, la compañía Petrolia del Táchira, para explotar industrialmente el petróleo. Para 1880 se hacen las primeras perforaciones, hasta que a unos 60 metros de profundidad en un pozo que identificaron como Eureka, se logró una producción de 230 litros de petróleo por día, el cual se destilaba en un alambique para producir querosene e iluminar con esto las poblaciones de San Cristóbal y Rubio.

Para las primeras décadas del siglo XX se comenzaron a perforar pozos de gran importancia, el gobierno estableció el otorgamiento de concesiones para la explotación, la mayoría de las cuales fueron negociadas con empresas extranjeras que tenían la tecnología para este tipo de actividad. En 1914 se descubre el primer campo petrolero de importancia, Mene Grande, descubierto por la empresa Caribbean Petroleum, donde se encuentra el famoso pozo Zumaque I. Para 1918 el petróleo comenzó a aparecer en las estadísticas de exportación de Venezuela, y en 1929 se consideró el país con mayor producción petrolera detrás de los Estados Unidos, y el primer país exportador de petróleo del mundo.

Progresivamente, el petróleo se fue convirtiendo en el principal sector económico del país, limitando la creación y el mantenimiento de otros tipos de industrias. Con el incremento de las exportaciones petroleras, cuando Venezuela llegó a ser el primer país exportador de petróleo del mundo, poco a poco la “Enfermedad Holandesa” fue carcomiendo la economía del país. Esta enfermedad, que es un término utilizado en economía, también es conocido como “Mal Holandés” o “Síndrome Holandés”, y se refiere a los efectos negativos que provoca en la economía de un país un repentino y desmedido incremento del ingreso de divisas, ocasionado por la exportación de algún recurso natural como minerales preciosos, hidrocarburos, café, etc, o por algún crecimiento importante de la inversión extranjera directa.

Debido a su importancia, en 1943 se promulga la Ley de Hidrocarburos que permitía la división de los beneficios de la industria petrolera en 50/50 entre el gobierno y la industria. Esto permaneció sin cambios hasta la nacionalización de la industria en 1976.

La economía venezolana, dependiente de la renta petrolera, ha sufrido muchos vaivenes según los cambios de los precios del petróleo. Sin embargo, desde la invasión de Irak en el 2003, los precios del petróleo se incrementaron considerablemente y Venezuela llegó a recibir millones de millones de US Dólares por concepto de la exportación de su petróleo, que han debido convertir a este país en uno de los más ricos del mundo. Sin embargo, el régimen imperante en el país desde 1999 malgastó la mayor parte de ese dinero, gran parte del cual se perdió en medio de una terrible ola de corrupción, endeudó al país hasta cifras nunca imaginables, y hoy los ciudadanos venezolanos viven en una miseria marcada por el hambre y la falta de asistencia médica, que ha conducido a la muerte de miles de personas, especialmente niños y ancianos.

Paralelo al crecimiento de la explotación del petróleo, en Venezuela se instalaron refinerías en el Occidente, en el Centro y en el Oriente del país, que en conjunto representaron el mayor complejo de refinación de la América Latina, en el cual se produjo suficiente gasolina para satisfacer el mercado interno, para exportar, y para utilizarlo en una de las grandes estrategias de corrupción como es el contrabando hacia Colombia, con gigantescos dividendos para los implicados debido al irrisorio precio de la gasolina en el país.

Lo peor ha ocurrido en los años recientes con la destrucción de la empresa petrolera, PDVSA, y con el abandono de las refinerías. Como consecuencia, se ha tenido que estar importando gasolina, algo que pareciera insólito, para poder surtir las necesidades internas y para suministrar gasolina a nuestros colonizadores cubanos de esa pequeña isla caribeña. Ahora, con la insuficiencia de recursos para pagar las importaciones y otras limitaciones para su adquisición, no es posible importar gasolina y gasoil al ritmo suficiente, creando un gran desabastecimiento que prácticamente paraliza el accionar del país. Dos de los grandes afectados por esta situación son: la salud, por la reciente pandemia que ha causado el Covid-19 en el mundo y que en Venezuela es más peligroso por las condiciones precarias del sistema de salud, y por la limitación de una efectiva asistencia médica, inmovilizada debido a la escasez de gasolina; y el suministro de alimentos, ya que sin combustibles es imposible producirlos y distribuirlos a lo largo y ancho del territorio nacional.

En la Venezuela por venir, que será muy pronto, es prioritaria la recuperación de la industria petrolera, de tal manera que genere suficientes dividendos y se puedan hacer importantes inversiones para un desarrollo armónico del país, que conduzca a la felicidad de todos sus ciudadanos. Debemos “sembrar el petróleo” y superar el “Síndrome Holandés”. Entre otras cosas, desarrollar la agricultura para tender hacia una verdadera y necesaria Soberanía Alimentaria.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2020

sábado, 11 de abril de 2020

La relación C/N de los suelos y su importancia en la agricultura



La relación C/N de los suelos es importante porque, en cierta medida, es determinante en la disponibilidad de N para las plantas. Se señala que una relación C/N = 10 es la más conveniente. Cuando el valor de esta relación es muy alto, por ejemplo 20 o más, tiende a ocurrir inmovilización de N por parte de los microorganismos del suelo. Cuando ese valor C/N se aproxima a 10 o menos, tiende a ocurrir mineralización neta o aparente de N, aumentando la disponibilidad de este nutriente para las plantas.

Al incorporar residuos vegetales a los suelos, por ejemplo, los restos de cosecha de un cultivo, se está incorporando una fuente de energía, de carbono, que va a favorecer incrementos en las poblaciones de microorganismos. Estos microorganismos requieren N para su propia constitución por lo que parte del nitrógeno que se mineraliza va a ser incorporado a los tejidos de los microorganismos del suelo. Si los residuos de cosecha que se incorporan al suelo son pobres en N, es decir, tienen una alta relación C/N, ocurre una inmovilización de N ya que el nitrógeno que se va mineralizando se va incorporando a los tejidos de la creciente población de microorganismos. Por el contrario, cuando los restos de cosecha tienen una baja relación C/N, es decir, son ricos en N, ocurre una mineralización neta o aparente de N, ocurre un incremento de las formas minerales de N que las plantas están en capacidad de absorber. Por esta razón, las leguminosas, que acumulan cantidades altas de N en sus tejidos, al ser incorporadas al suelo se convierten en una fuente cierta de N para cultivos sucesivos.

Entonces, cuando se incorporan residuos orgánicos a los suelos, se promueven incrementos en las poblaciones de microorganismos que van a utilizar el carbono que contienen, pero también el nitrógeno. Se va a mejorar la actividad biológica del suelo incrementándose la mineralización de la materia orgánica, pero no necesariamente el suministro de nitrógeno para las plantas lo cual depende de la calidad de los residuos incorporados. A la vez, el nitrógeno se convierte en un factor limitante para el crecimiento de la población de microorganismos del suelo (Ley del mínimo).

La aplicación de nitrógeno al suelo por medio de fertilizantes, especialmente con urea, ha sido muy criticada y causante de desbalances en las poblaciones de microorganismos, afectando negativamente la vida del suelo. Sin embargo, esta fertilización nitrogenada, más bien favorece la actividad biológica del suelo. Veamos esto de una manera cuantitativa:

-Se estima que en promedio la materia orgánica del suelo contiene 60% de C.
-Una hectárea con 15 cm de profundidad y una densidad aparente de 1,5 ton/m3 pesa 2.250 toneladas.
-Si un suelo contiene 3% de materia orgánica, eso equivale a 1,8% de C.
-Supongamos que el suelo contiene 0,15% de N total.
-La relación C/N = 1,8/0,15 = 12.
-Ese suelo contiene 40,5 toneladas o 40.500 kg de C (2.250 x 0,018), y 3,375 toneladas o 3.375 kg de N  (2.250 x 0,0015). Relación C/N = 40,5/3,375 = 12.
-Si se aplica 200 kg de urea/ha, equivale a aplicar 92 kg de N/ha, lo cual aumenta el contenido de N a 3.375 + 92 = 3.467 kg de N
-La nueva relación C/N = 40.500/3.467 = 11,68
-La variación en la relación C/N del suelo es muy pequeña, solamente disminuyó en 12,00-11,68 = 0,32, al aplicar 92 kg de N/ha.
-Esto muestra lo poco que se afecta la relación C/N del suelo con la aplicación de fertilizantes químicos, contradiciendo la opinión bastante generalizada de que los fertilizantes químicos afectan negativamente la vida del suelo. Por el contrario, hay un mejoramiento de las condiciones para que ocurra una mayor población de microorganismos y, por lo tanto, mayor actividad biológica en el suelo al aumentar el contenido de N por medio de la fertilización.

Además, en la medida que hay mayor disponibilidad de nutrientes para las plantas, hay mayor crecimiento vegetal y mayor cantidad de material orgánico para ser incorporado al suelo. Se incorpora mayor cantidad de sustrato para incrementar las poblaciones de microorganismos del suelo, para mejorar la vida del suelo.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2020



jueves, 2 de abril de 2020

De nuevo los campos tristes y el maiz incierto



Lo que pudiéramos escribir en relación a la incertidumbre del maíz, es válido, en las condiciones actuales, para cualquier otro cultivo en las regiones agrícolas de Venezuela. Tomemos al maíz como ejemplo, ya que es uno de los principales cultivos del mundo, si no el más importante de todos, especialmente en nuestro país donde la base de las comidas es la tradicional arepa.

Venezuela necesita cada año más de un millón de toneladas de maíz blanco para la industria de harina precocida, y más de dos millones de toneladas de granos forrajeros para la industria de alimentos balanceados para animales (ABA), donde el maíz amarillo va a la vanguardia. Esto significa, que con un rendimiento promedio nacional tan excelente como 5 toneladas de grano por hectárea (5 ton/ha), para producir un mínimo de tres millones de toneladas de maíz se requiere sembrar 600.000 hectáreas.

Pero de nuevo los campos están tristes, porque viene abril cuando debe comenzar la siembra al occidente de Barinas, más acá y más allá de Socopó, y aún no está la semilla, ni el fertilizante, ni el herbicida ni los insecticidas, ni las maquinarias ni los equipos a tono, ni tantos recursos humanos y materiales que hacen falta para el éxito de la actividad agrícola. El Ingeniero Bolotín nos ilustra con cifras, la transición hacia la temporada de lluvias en Turén, donde en promedio, en el mes de abril, ocurren seis días con eventos de lluvia. Entonces estamos cerca del reverdecimiento de nuestros campos, y como escribió Wladislaw Reymont: “Y la tierra esperaba; el sol, otra vez joven, la calentaba; los vientos la desecaban; las lluvias tibias y fecundantes, la regaban; las noches primaverales, brumosas y templadas, la endurecían, y la hierba brotaba ya como un cepillo verde……”

Luego viene mayo cuando se establece el período de lluvias en casi todo el territorio nacional. Lluvias que saciarán la sed de los suelos resecos por el fuerte y prolongado verano. Agua de la lluvia que será retenida en los poros del suelo para alimentar a las plantas, cuyas raíces hurgarán el suelo buscando sus alimentos diarios disueltos en este maravilloso líquido. Es el mes cuando los campos reverdecen, cuando la tierra se humedece y se ablanda para que las semillas germinen y las pequeñas plantas puedan emerger y continuar su vida, libres en el espacio y bañadas por el sol, para fotosintetizar y producir materia orgánica, alimentos directos o indirectos para los organismos heterotróficos que habitamos la tierra.

Hasta hace pocos años, quizás diez o doce años atrás, se logró producir 70% o más de los alimentos requeridos por los treinta millones de venezolanos; sin embargo, ese porcentaje ha venido disminuyendo progresivamente hasta el año pasado cuando se estima que no se logró producir ni siquiera 20% de los requerimientos. Pero las expectativas son cada vez peores, para este año, 2020, cuando ya el aire nos trae olores a tierra mojada de lugares cercanos, no hay en el país los suficientes insumos para iniciar la temporada de siembra.

Estamos en una crisis política, social, económica, de todo tipo, peor que todas las anteriores, que con este régimen que impera en Venezuela han sido numerosas. En estos momentos, esta situación se agrava en el campo venezolano, porque todavía parte de la precaria cosecha del año pasado no ha podido ser vendida por los productores a pesar de la escasez de alimentos que existe en el mercado nacional.

Hoy, en Turén y otros sectores de Portuguesa, la recolección y la trilla de los granos están limitadas por la falta de combustible para operar las combinadas y llenar los tanques de los camiones que lo deben llevar a los centros de recepción de cosechas. En La Grita, vemos como toneladas de hortalizas se quedan en la región, no pueden ser transportadas a los grandes centros de consumo del centro del país por falta de gasolina, que a pesar de ello, sigue saliendo de contrabando hacia Colombia con un jugoso e ilícito negocio, o sigue enviándose a Cuba en un acto vil y traicionero con nuestro pueblo, pero beneficioso para los gobernantes de esa pequeña y miserable isla que nos tiene prácticamente colonizados.

Eso ocurre en un país petrolero que además tuvo el complejo refinador más grande de Latinoamérica. No hay gasolina. Maduro, con el realismo mágico característico de este régimen, organiza la distribución de combustible con prioridad para médicos y agricultores, entre otros. Ya se ha comprobado que es mentira. El militar que ocupa la cartera de agricultura, en una intervención llena de malas palabras, con un vocabulario soez, ante un grupo de personas relacionadas con el mundo agrícola, trataba de justificar la escasez de gasolina con el bloqueo, con el imperio que no les deja traer dos barcos con gasolina que están anclados en algún lugar del Caribe, con las sanciones aplicadas a personas del gobierno que han cometido algún tipo de delito, sin recordar que destruyeron la producción de petróleo, su refinación, y ahora lo poco disponible se lo regalan a Cuba.

Estos años sin agricultura, con nuestros campos vacíos, el agua de la lluvia se irá fluyendo a través de ríos, caños y quebradas de cada cuenca hidrográfica, a perderse en su mayoría hacia el mar. La que infiltra en el suelo se irá a los acuíferos profundos o se evaporará desde los poros del suelo para perderse en la atmósfera. No habrá raíces suficientes que la puedan utilizar, más allá de las raíces de malezas que ocuparán los espacios donde deberían estar plantas de maíz, arroz, soya, caña de azúcar, girasol, algodón, hortalizas, raíces y tubérculos, pastizales y otras.

Por eso decimos que vamos a perder otra temporada de lluvias, otro ciclo de secano, nuevamente por la incuria e ignorancia de nuestros gobernantes, o por su mala intención, quien sabe…..


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Abril de 2020


sábado, 7 de marzo de 2020

Cambios en los sistemas suelo-planta-clima a lo largo del año



Cualquier modelo agrícola que se utilice para lograr una producción agrícola eficiente, debe basarse sobre el cabal conocimiento de los diferentes sistemas suelo-planta-clima de nuestras regiones agrícolas y cómo manejarlos adecuadamente.

Un sistema suelo-planta-clima, es una aproximación donde concurren una serie de factores de suelo y de clima que pueden afectar el crecimiento de las plantas. El crecimiento de una planta depende tanto de sus características propias determinadas por su código genético, como de los factores externos de suelo y clima predominantes en un momento y un lugar determinados. El crecimiento de una planta, es entonces, una resultante de las interacciones que ocurren dentro del sistema suelo-planta-clima, donde participa un cuarto factor que es el manejo que se le brinde a los componentes de esos sistemas, con el objeto de lograr las mejores condiciones para el desarrollo de las plantas.

Con el conocimiento de las características de suelo y clima de una región se pueden seleccionar las especies, o los cultivares de esas especies, que mejor se adapten a esas condiciones, cultivarlas en esos entornos, y establecer el más productivo sistema suelo-planta-clima. Por supuesto, esto es válido para un momento determinado, ya que a lo largo del año, especialmente las condiciones meteorológicas, van cambiando y a su vez van generando cambios en las condiciones edáficas.

En el componente clima se incluyen algunos factores que van a determinar el entorno donde se desarrolla la planta, exceptuando el suelo. Los más importantes para la agricultura son temperatura, lluvias y luz o radiación, los cuales no son totalmente controlables para la producción agrícola, pero se pueden manejar con algunas acciones directas o indirectas para tratar de adaptarlos a los requerimientos de las plantas cultivadas. Estos factores cambian a lo largo del año, consideremos por ejemplo los llanos Occidentales donde las lluvias comienzan a finales de abril y se extienden con regularidad y cantidad hasta el mes de agosto, después del cual comienzan a disminuir para culminar prácticamente hacia finales de octubre. A medida que avanza el ciclo de lluvias va cambiando el sistema suelo-clima, de tal manera que cultivos con exigente suministro de agua deben sembrarse al inicio de la temporada lluviosa. Al llegar septiembre, el sistema suelo-clima es otro y ya no debemos sembrar maíz porque no tendrá un adecuado suministro de agua y se afectarán notablemente los rendimientos. En ese caso, debemos cambiar la especie de planta por otra que se adapte mejor a este nuevo sistema suelo-clima.

Tomemos el caso del cultivo de soya, que está tomando importancia en esta región del país. Siembras tempranas con esta especie, digamos hasta el mes de junio, deben realizarse con variedades de ciclo largo para que la maduración y cosecha ocurran cuando ya están disminuyendo las lluvias, y la recolección pueda realizarse satisfactoriamente. Siembras tardías, deben realizarse con variedades precoces, o cambiar la especie por otra como girasol o más tarde frijol o ajonjolí, mejor adaptadas a las condiciones de suministro de agua de esa época tardía. Es decir, adaptar el sistema suelo-planta clima a las variaciones a lo largo del año.

En esas siembras tardías, también se pueden disminuir las poblaciones para que cada planta haga un uso más eficiente del agua aprovechable almacenada en el suelo. En el caso de la soya en particular, también se debe tener presente que es una especie sensible a la longitud del día, es una especie de días cortos, y como hacia finales del año a la vez que disminuye la precipitación también se acorta la duración del día (horas de sol), se puede manejar el cultivo con cultivares precoces y de amplia adaptación al fotoperiodo.

En nuestras condiciones tropicales, aparentemente no existen limitaciones de temperatura para el crecimiento de las plantas, ya que sus rangos de variación están entre límites normales. Para aquellas especies que requieren bajas temperaturas para la inducción de la floración y la consecuente fructificación, se busca ubicarlas en zonas donde por razones de altitud se logran esas condiciones. Es el caso de importantes centros de producción de flores, fresas, duraznos, algunas hortalizas, etc., ubicados en la Región Andina y sectores montañosos de las Regiones Central y Centro Occidental. En este caso, se están manejando los sistemas suelo-clima afectados por el factor temperatura, con la ubicación de los cultivos en el paisaje.

El mejor aprovechamiento de los ciclos de lluvia en la agricultura de secano, se logra con adecuadas fechas de siembra y poblaciones de plantas, según la humedad edáfica disponible durante el ciclo de vida. Cuando hay excesos se construyen drenajes para avenar convenientemente los campos y cuando hay defectos se busca mejorar la infiltración y el almacenamiento del agua en el suelo. Adicionalmente, utilizar las especies que se desarrollen mejor en cada nuevo sistema suelo-clima, según las modificaciones que se puedan efectuar en los suelos y según las variaciones cronológicas.

La agricultura bajo riego proporciona una gran seguridad para el éxito de la producción de los cultivos. Por supuesto, cuando aplicamos riego, tenemos nuevos escenarios de sistemas suelo-clima, prácticamente sin limitaciones en el suministro de agua a las plantas, aunque no podamos modificar la longitud del dia.

Entonces, con el conocimiento o la consideración del sistema suelo-planta-clima, se pueden establecer las prácticas de manejo más recomendables para mantener condiciones edáficas favorables para cada cultivo, fijar las fechas de siembra y las poblaciones más adecuadas en cada sistema para lograr un mejor aprovechamiento de las condiciones climáticas, y seleccionar los mejores cultivares para cada región en particular.

No se produce alimentos asignando recursos monetarios que luego son mal invertidos o no se invierten en el sector. Solo se produce alimentos trabajando en el campo con dedicación, con apoyo financiero suficiente y oportuno, y con apoyo científico y tecnológico.

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

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miércoles, 12 de febrero de 2020

No hay sacos para los fertilizantes



Pequiven, nuestra industria petroquímica que entre otras cosas realiza la producción de fertilizantes en apoyo a la agricultura venezolana, enfrenta innumerables limitaciones tales como falta de gas natural, pobre suministro de roca fosfórica, energía eléctrica insuficiente para activar a total capacidad los mecanismos de las plantas, accidentes laborales, deterioro de las plantas por falta de mantenimiento, paralización de las mismas por algún repuesto que no llega a tiempo, mala gerencia por desconocimiento de la actividad; y así, múltiples problemas que obstaculizan la producción de fertilizantes nitrogenados y fosfatados, y el procesamiento de los potásicos que se deben importar para producir fertilizantes complejos.

Se puede señalar que todas las plantas de Pequiven están accidentadas por una u otra razón, pero quizás las del Complejo Petroquímico de Morón sean las más representativas porque allí, además de la producción de amoníaco para la fabricación de fertilizantes nitrogenados como la urea, se debe procesar la roca fosfórica para producir ácido fosfórico y el fertilizante fosfato diamónico especial, conocido popularmente como DAPITO. por poseer menor contenido de P2O5 que el DAP (DiAmonium Phosphate).

Las limitaciones del complejo de Morón, también se sufren en las demás instalaciones de Pequiven, como es el caso del Complejo Ana María Campos, ubicado en El Tablazo, Puertos de Altagracia del estado Zulia, donde ha habido momentos en los cuales todas las plantas han estado paralizadas. La zuliana Ana María Campos fue una de las valerosas mujeres, verdaderas heroínas venezolanas que de alguna manera participaron en las luchas para independizarnos de las legiones españolas, unas más conocidas que otras, pero todas dispuestas a arriesgarlo todo por la causa patriótica.

El complejo petroquímico de El Tablazo fue bautizado con el nombre de esta valerosa mujer, Ana María Campos, con el fin de darle la fuerza necesaria para que se convirtiera en un baluarte de nuestra soberanía económica, y no para que terminase como otro elefante blanco símbolo de la administración venezolana del siglo XXI.

La problemática de los fertilizantes no concluye con su bajísima producción, ya que tampoco se dispone de sacos para un adecuado manejo de estos productos. Así, otro de los problemas de Pequiven, es referido a que las plantas de olefinas y poliolefinas no están trabajando eficientemente porque no hay suministro suficiente de propano y de etano, que son materias primas para la producción de dos de las olefinas más importantes: propileno y etileno.

La polimerización de esas olefinas permite producir poliolefinas, que son fibras de polipropileno y polietileno que tienen múltiples usos, entre los cuales se encuentra la fabricación de sacos que sirven para envasar fertilizantes. Esta falta de producción de polietileno y polipropileno causa que las empresas fabricantes de sacos para fertilizantes no puedan operar por falta de materia prima, dificultándose la comercialización de los abonos y su distribución hacia los centros de producción agrícola.

La escasez de sacos no es nueva. Recuerdo que en el 2015, ante la falta de sacos, en Pequiven ofrecían la venta del sulfato de amonio a granel y, en estos momentos del año 2020, están ofreciendo urea a granel. El sulfato de amonio es un fertilizante difícil de manejar, en parte, porque físicamente es un polvo, y si se adquiere sin la protección y la facilidad de manipulación del saco, su transporte, almacenamiento y distribución en las fincas requerirán de equipos e infraestructuras especiales o acondicionadas para este manejo. En el caso de la urea, su almacenamiento a granel puede causar enormes pérdidas debido a su elevada higroscopicidad, requiriendo medidas especiales para mantenerla en óptimas condiciones. Para un pequeño o mediano productor quizás sea imposible disponer de esas facilidades, y quienes puedan hacerlo tendrán gastos adicionales en el proceso productivo por esta causa, y posiblemente una pérdida de producto por problemas de humedad y por otros contaminantes, que pueden causar que las pérdidas superen los límites de tolerancia.

La falta de sacos también implica que las importaciones se tengan que realizar con productos ya envasados, porque ante la escasez de sacos no se puede importar fertilizante a granel para ser ensacado al costado del barco, lo que le daría al producto un valor agregado al utilizar mano de obra, materiales y equipos nacionales. En fin, Pequiven debe revisar sus actividades, su organización, su gerencia, para tratar de aprovechar el potencial que tiene el país en recursos, tanto naturales como de infraestructura, para la producción y distribución de fertilizantes. No se puede justificar que los diferentes complejos petroquímicos del país se encuentren parcialmente paralizados u operando con una eficiencia bajísima, o sus plantas, en algunos casos, totalmente paralizadas. No se puede continuar con una agricultura sin fertilizantes.

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

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Pedro Raúl Solórzano Peraza
Febrero de 2020

pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com



martes, 4 de febrero de 2020

Continúa el onirismo oficial con la agricultura



En la fantasía del régimen que impera en Venezuela, la agricultura ha sido uno de los principales protagonistas. El realismo mágico continúa. Los voceros gubernamentales insisten en querer hacer creer a la población que ellos apoyan la producción agrícola, pero ya estamos en una situación en la que es imposible aceptar esas mentiras oficiales. Cada año que pasa disminuye el área sembrada y, de manera concomitante, disminuye la producción de alimentos. Para el 2018 se estimó que se produjo un 20% de los requerimientos alimenticios básicos de la población, y para el 2019 no se tienen cifras, pero esa tendencia de pendiente negativa ha continuado.

En la segunda mitad del año 2017, en el mes de septiembre, el militar que funge de ministro de agricultura mencionó que iban hacia la siembra de 800.000 hectáreas de maíz y 1.000.000 de hectáreas de soya. Además señaló que con el “Plan de Agricultura Soberana 2017-2018”, se reduciría el uso de plaguicidas y fertilizantes, y van orientados hacia la sustitución de híbridos por variedades. Efectivamente, lo único que se cumplió fue que se redujo enormemente el uso de plaguicidas y fertilizantes, pero por la gran caída de la superficie sembrada, y los híbridos de calidad se han sustituido, en muchos casos, por semillas que reciclan los mismos agricultores ante la imposibilidad de poder obtener semillas certificadas de los mejores cultivares para cada región y cada época. Sin embargo, de aquellas millón ochocientas mil hectáreas de maíz y soya no vimos nada.

Maduro, en la presentación de la Memoria y Cuenta del año 2018 y el Plan de la Patria período 2019-2025, indicó que se aprobaron 1.037 millones de euros para garantizar la siembra de 3.235.000 hectáreas. Por supuesto, asignar dinero a un programa no “garantiza” la siembra de los cultivos. Como de costumbre, de esa millonada de hectáreas no se sembró nada. Sería interesante conocer el destino de esos fondos asignados a este programa imaginario.

La más reciente noticia apareció en Visión Agropecuaria del 30/01/2020, la cual expresa lo siguiente: el Ejecutivo Nacional aprueba destinar un millón de hectáreas al PSUV para una producción agrícola extraordinaria, las cuales se sumarían a las superficies planificadas por el MAT. Esta superficie será administrada por Movimientos Campesinos Revolucionarios durante el año 2020. Maduro concluye que estos planes activados y en pleno proceso de desarrollo, demuestran que el año 2020 es de victorias y de trabajo. ¿Cuál será el desenlace de esta nueva fantasía gubernamental?

Sabemos que un programa agrícola necesita una planificación seria, basada sobre qué se va a producir, cuánto, dónde, con qué y con quién se realizará dicho programa. A estas alturas del año, mes de febrero, nos podemos hacer múltiples preguntas, como por ejemplo ¿dónde está ese millón de hectáreas acondicionadas para la siembra? ¿dónde están los insumos; dónde la maquinaria y equipos agrícolas; dónde la infraestructura para la recepción, acondicionamiento y almacenamiento de las cosechas? ¿dónde está la infraestructura para el procesamiento de esa extraordinaria cosecha?

Evidentemente, la eterna improvisación que caracteriza al régimen conducirá al fracaso de esta nueva ilusión, cargada de un fuerte componente demagógico.

La mejor manera de impulsar la agricultura venezolana, es apoyando a los agricultores de tradición, que se encuentran organizados y dispuestos a trabajar en los campos del país, a soportar el radiante sol, los días calurosos, las noches infinitas cuando las plagas atacan ferozmente a los cultivos, esperar las lluvias oportunas y en cantidades adecuadas, coordinar las actividades de recolección y despacho de los productos. Ellos necesitan un acceso seguro a los insumos agrícolas, sin los cuales, tal como se ha visto en los años recientes, la superficie sembrada es poca, los cultivos son pobres por una mal nutrición y los rendimientos son muy bajos. De otra manera, continuará el sueño oficialista de una soberanía alimentaria para los venezolanos.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Febrero de 2020.