jueves, 22 de agosto de 2019

Día de campo: Inoculación de la soya



Hoy es viernes 23 de agosto de 2019, hace un par de días, el miércoles 21, tuve la oportunidad de asistir a un día de campo en soya en la Finca Monte de Luna, propiedad del señor Antonio Pestana, ubicada cerca de la población de Turén en el estado Portuguesa. Allí fuimos testigos de la presencia de unos excelentes campos sembrados con este cultivo, donde nos explicaron el proceso de inoculación de las semillas y pudimos apreciar la profusa nodulación presente en las raíces de las plantas. La inoculación de las semillas de soya antes de la siembra es solo un aspecto, de primordial importancia, en el manejo agronómico de esta planta.

La soya [Glycine max (L) Merril] es una especie que pertenece a la familia Leguminosae o Fabaceae, en la cual, la mayoría de sus especies, tienen la propiedad de establecer simbiosis a nivel radical con algunas bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico, fenómeno que se conoce como Fijación Biológica de Nitrógeno (FBN) o Diazotrofía. Este proceso es posible debido a que estas bacterias poseen la enzima nitrogenasa (Nasa) que participa en la transformación de N2 a NH4+, que es incorporado inmediatamente a los aminoácidos. Estos microorganismos que actúan en la FBN se conocen genéricamente como Diazótrofos o consumidores de nitrógeno: di=dos, azoto=N y trofo=comer.

Afortunadamente la soya es capaz, por medio de la FBN, de obtener casi todo el nitrógeno que requiere, ya que sus necesidades por este nutriente son bastante elevadas, estimándose que en general se producen 12 kg de granos por cada kilogramo de N acumulado por la planta. Quiere decir, que para un rendimiento de 2.000 kg/ha, la planta debe acumular 167 kg de N/ha, que correspondería a la aplicación de 363 kg de urea/ha con una eficiencia de 100%. Sin embargo, sabemos que una eficiencia muy buena en el uso del N de los fertilizantes químicos es alrededor de 60%, por lo que la aplicación de urea, asumiendo que no hay otras fuentes de N en el suelo, debería ser de 600 kg/ha para cubrir los requerimientos de un cultivo de soya con rendimiento esperado de 2.000 kg/ha. Esto sería demasiado de no existir la FBN, por lo tanto, una correcta inoculación de la semilla de soya es de primerísima importancia en el manejo de este cultivo.

La simbiosis entre las raíces de la soya y su diazótrofo, es muy específica, y solo ocurre FBN cuando la bacteria es el Bradyrhizobium japonicum. Otras bacterias pueden invadir las raíces pero no son capaces de fijar N atmosférico. Una vez que se siembra la semilla inoculada, en un suelo con adecuado contenido de humedad para promover su germinación, los B. japonicum producen unos nódulos radiculares que van a ser los sitios de fijación y reducción del nitrógeno atmosférico (N2), las plantas pueden utilizar este elemento y las bacterias utilizar productos elaborados por el metabolismo de las plantas.

Los nódulos comienzan a formarse tan pronto como aparezcan los pelos radicales, lo cual puede ocurrir unos ocho días después de la siembra, dependiendo de las condiciones para germinación de las semillas de soya. Estos nódulos se van desarrollando y maduran en unas tres a cuatro semanas, alcanzando una forma más o menos redondeada y un tamaño de 4 a 6 mm de diámetro. Los nódulos más efectivos en la fijación de nitrógeno son los localizados más cerca de la raíz principal y al abrirlos presentan una coloración rojiza. Nódulos de color verdoso o crema en su interior no fijan nitrógeno, lo cual puede ser debido a que son originados por otras especies de Bradyrhizobium o porque el suelo es rico en este nutriente (NH4+) que es utilizado por los microorganismos y dejan de fijar N de la atmósfera. La FBN consume gran cantidad de energía, por lo que es una ruta metabólica alterna para los microorganismos Diazótrofos, que solamente la realizan cuando no tienen otras fuentes alternas de N que requieran un menor gasto energético, como es el caso mencionado de que el suelo tenga suficiente NH4+.

Durante el ciclo de desarrollo de la planta, constantemente ocurren reinfecciones de la raíz con B. japonicum, por lo que una planta adulta puede presentar nódulos de diferentes edades. Durante los estados vegetativos de la planta la fijación de N atmosférico es poca, comienza lentamente a los 15-18 días de edad y alcanza un máximo en la etapa R5. Por esto, durante los primeros días debe asegurarse un adecuado suministro de N a la planta, de lo contrario, se presentará una decoloración del follaje asociada a insuficiencia de este nutriente. En este sentido, cuando el suelo es muy pobre en N y materia orgánica, se debe aplicar una pequeña dosis de N en la fertilización de base procurando no exceder los 20 kg de N/ha.

Existen una serie de normas para realizar un manejo adecuado del inoculante, las condiciones de almacenamiento, el proceso de inoculación propiamente dicho, la vigencia del producto, y otras consideraciones, las cuales tienen que ser indicadas por el fabricante. Muy importante es inocular las semillas al ritmo de la siembra, para evitar lapsos de tiempo después de la inoculación que puedan causar la muerte de las bacterias. En este sentido, pensar que cuatro horas es suficiente, y por supuesto, nunca dejar semilla inoculada de un día para otro ya que eso conlleva a tener que inocular de nuevo antes del momento de la siembra.

Es casi indispensable lograr una buena inoculación de la semilla de soya antes de la siembra, para aprovechar ese fenómeno natural que es la Fijación Biológica de Nitrógeno. De lo contrario, será necesario la aplicación de grandes cantidades de fertilizantes nitrogenados para cubrir los requerimientos de este cultivo, que son bastante elevados. Recordemos que:

Fotosíntesis,
mágico hechizo natural
que captura al sol
y metaboliza al agua y nutrientes
para generar VEGETACIÓN.

NUTRIENTES que provienen del agua,
de minerales fracturados
meteorizados por efecto del ambiente,
y del indispensable aire
concentrado en NITRÓGENO
que es fijado por las raíces de la soya
en ese fascinante laboratorio
donde laboran los rizobios.


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Agosto de 2019



La palingenesia de la soya en Venezuela



La soya es la principal especie oleaginosa del mundo, ya que es la primera fuente de aceite vegetal para consumo humano. Además, es la mayor fuente de proteína en la elaboración de alimentos balanceados para animales (ABA). Es una especie originaria de China, llegó a América en el siglo XVIII para alimentación animal, pero desde comienzos del siglo XX es cuando se inicia su desarrollo industrial con la extracción del aceite, permitiéndole extenderse rápidamente y ocupar grandes áreas agrícolas en este continente.

El valor nutritivo del grano de  soya se debe a su elevado contenido de proteína que promedia un 35%, y a su contenido de aceite que está alrededor de 17-20%. Esto ha motivado que en Venezuela un buen número de investigadores y productores  hayan tenido un interés relativo por este cultivo, al menos durante los pasados cincuenta años. Producto de esas inquietudes, hoy en día se conoce un grupo de prácticas agronómicas generales para la producción de soya en nuestras condiciones, llegándose hasta el desarrollo de variedades adaptadas a las principales áreas agrícolas del país. Toda esa experiencia ha contribuido a que se hayan realizado siembras comerciales exitosas desde 1967 hasta hoy, con la utilización de un creciente número de variedades de muy buena adaptación a nuestras condiciones de campo, en especial algunas de reciente introducción desde Brasil como han sido la Tracajá y la Sambaiba.

Venezuela necesita actualmente alrededor de 1.400.000 toneladas de soya, que si queremos producirla en nuestro territorio se requiere sembrar más de 700.000 hectáreas. Esto es muy importante ya que además de las necesidades por el grano de soya, éste es un cultivo excelente para la rotación de los campos, especialmente alternando siembra de soya con siembra de maíz u otro cereal, lo cual favorecería sustancialmente a estos últimos desde los puntos de vista sanitario por el rompimiento de los ciclos de malezas, enfermedades e insectos plaga, así como del enriquecimiento de los suelos en residuos orgánicos con una baja relación C/N, debido a su contenido relativamente elevado en nitrógeno.

Se puede concluir que el cultivo de la soya es una necesidad apremiante en el país si se quiere contribuir con el desarrollo agrícola, si se quiere recuperar a la agricultura venezolana de esta trágica situación, a la que ha llegado por la ignorancia y la incuria de un régimen que prefiere importar alimentos antes que producirlos con nuestros recursos.

Hemos realizado muchos esfuerzos para producir soya en el país, con éxitos y fallas, pero casi siempre sin la incorporación voluntaria e interesada de los productores. Con esta consideración de la primordial participación de los productores, Agroisleña, C.A. inició por el año 2004 un agresivo programa con agricultores reunidos en una amplia asociación llamada Proagroin, para tratar de producir soya especialmente en la región centro-oriental. Este programa iba por buen camino cuando desafortunadamente se truncó al ocurrir la expoliación de esta pujante empresa.

Hoy, un grupo de productores cuyo núcleo inicial se ubica en el estado Portuguesa, con líderes de la talla de Ramón Bolotín, Tony Pestana y muchos otros; con el apoyo de organizaciones como Tecno Agua, Fondesoya, Agroinsumos Kruz y otros; de variadas asociaciones de productores; de institutos de investigación como UCLA y Fundación Danac entre otros; con el apoyo de la prensa; y junto a tantas personas, empresas e instituciones de educación e investigación, han iniciado una cruzada nacional para promover este cultivo. Sin temor a equivocarme, considero que estas acciones, al estar los productores como los principales protagonistas, van a tener resultados favorables, van a ser los responsables directos de este renacimiento, de esta palingenesia de la soya en Venezuela.

Soya, el grano integral



La soya, Glycine max (L) Merril, es una especie originaria de China, donde por su alto valor nutritivo, ha sido un grano para consumo humano. Su expansión por el mundo ha hecho que se multipliquen los usos de la soya, utilizándose en alimentación animal, como proteína para consumo humano y como fuente de aceite comestible. En la actualidad la soya es la oleaginosa más importante del mundo, a la vez que es la primera fuente de proteína en la formulación de alimentos balanceados para animales.

El valor nutritivo de la soya se refiere al elevado contenido de proteína de su grano que es alrededor de 35%, y al contenido de aceite que es aproximadamente 17-20%.  Vale la pena destacar, que la calidad de la proteína de la soya se manifiesta porque en las cadenas proteicas están presentes los aminoácidos esenciales valina, leucina, metionina, arginina, triptófano, isoleucina, treonina, fenilalanina, lisina e histidina, y además, en cantidades bastante adecuadas. Además de la calidad del grano de soya, se puede incorporar en programas agrícolas de rotación de cultivos para mejorar la sanidad de los campos y su fertilidad nitrogenada.

En Venezuela tenemos un requerimiento actual de soya, que según manifestaciones de productores de la Ruta de la Soya, ronda 1.400.000 toneladas de grano, que se utilizarían para la extracción de aceite y cubrir las necesidades internas de aceites comestibles, y el subproducto de esa operación que es la harina de soya, para cubrir las necesidades de las industrias de alimentos balanceados para animales, especialmente aves y cerdos. Todo ese requerimiento se debe cubrir con importaciones, ya que la producción nacional es muy pequeña.

Actualmente, debido a la situación complicada del suministro de alimentos balanceados para animales, por su escasez eventual y el alto precio del producto, que en las condiciones de la economía de hoy es casi imposible que los criadores puedan adquirirlos, también se está promocionando el uso de la soya integral para formular alimentos para animales a nivel de finca. Aquí es donde es necesario considerar que la soya, a pesar de su alto tenor de nutrientes, también contiene anti nutrientes, que deben ser eliminados o disminuidos para que los animales consumidores puedan aprovechar cabalmente la riqueza proteica de este maravilloso grano.

De una manera muy sencilla se puede decir que las proteínas son cadenas largas de aminoácidos, que deben romperse para que puedan ser absorbidos a través de la pared intestinal y se conviertan en verdaderos nutrientes para el consumidor. En el organismo se producen enzimas que activan la degradación de las proteínas, cuyo nombre genérico es proteasas, pero la soya contiene un inhibidor de la tripsina que es una de estas enzimas proteasas, conocido como SBTI (Soybean Tripsine Inhibitor), que bloquea su acción e impide el aprovechamiento de las proteínas. Por eso se consideran anti nutrientes, ya que causan molestias gástricas, reducida digestión de las proteínas y deficiencias crónicas en la absorción de los aminoácidos.

Si un agricultor utiliza el grano de soya para preparar raciones para animales sin eliminar esos anti nutrientes, los animales que las consuman no van a aprovechar adecuadamente las proteínas del alimento y, además, se van a producir problemas como los mencionados anteriormente. Por ello, antes de incorporar el grano de soya integral a las raciones, se debe realizar lo que se denomina desactivación de la soya, que no es más que la eliminación de esos anti nutrientes, la eliminación de los inhibidores que bloquean la acción de las proteasas. Para la desactivación de la soya a nivel de finca, en el país se han desarrollado equipos relativamente sencillos, que aplican el método de desactivación en húmedo con temperaturas entre 110 y 120°C. (Información de estos equipos en La Ruta de la Soya).

Algunos productores de leche, en el estado Lara (Ingeniero Anzola, en Duaca) y en otras regiones del país, han desarrollado sistemas para utilizar la planta de soya en un estado de madurez (R7) que incluye todo el follaje y los granos, en silajes, en combinación con maíz o sorgo, con excelentes resultados. En unas evaluaciones  recientes, cuando utilizaron la soya con un estado de madurez más avanzado (R8) de lo que normalmente venían utilizando, encontraron que los resultados en producción y calidad de la leche, estuvieron muy por debajo de lo esperado. Posiblemente eso fue debido, entre otras causas, a que ya el grano tenía suficiente desarrollo para formar los anti nutrientes inhibidores de la tripsina (SBTI).

Siempre se escribe en relación a las bondades de la soya y su valor nutritivo, pero pocas veces se alerta a los productores sobre su contenido de anti nutrientes y los riesgos que se pueden enfrentar por el desconocimiento de su presencia. Tampoco se divulga mucho sobre lo relativamente fácil que puede ser acondicionar el grano para su uso adecuado en raciones de alimentos para animales. Por eso, para el éxito en el uso del grano integral de soya en la alimentación animal, se deben eliminar sus anti nutrientes.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Agosto de 2019.


Una nueva oportunidad para unirnos y vencer



Un altísimo porcentaje de la población venezolana, quizás más del 90%, quiere un cambio en el gobierno de Venezuela. Quiere que Nicolás Maduro se vaya del país y venga un nuevo sistema de gobierno que llene las expectativas de los venezolanos. Para hacer realidad ese objetivo es imprescindible que se tenga unidad de acción. Unidad de pensamiento es imposible en movimientos democráticos, donde cada quien sigue ideologías particulares y se rige por los estatutos de su propio partido político. Cuando se recupere la democracia, esos partidos y sus líderes tendrán la oportunidad de hacer sus ofertas y tratar de captar simpatizantes, pero en estos momentos de tragedia nacional, cuando un gobierno no tiene pueblo pero tiene la fuerza bruta para mantenerse en el poder, todos debemos empujar en la misma dirección, debemos tener unidad de acción. De otra manera, el gobierno continuará con sus martingalas, seguiremos arruinando nuestras vidas y llegaremos a un punto de equilibrio en la pobreza, en la miseria, como ha ocurrido en Cuba durante más de sesenta años.

En estos años de gobierno socialista, partidos y líderes en la oposición han tenido oportunidades para llegar al poder. Es el caso de Henrique Capriles, quien logró amalgamar a la oposición y a pesar de parecer ganador en alguna oportunidad, nunca llegó a la meta deseada. Henrique sabe que le pasó su momento de máximo líder y parece, que acertadamente, lo ha aceptado y se mantiene al margen pero colaborando en la búsqueda de la libertad de Venezuela. Es el caso de las elecciones para la Asamblea Nacional, donde se logró formar una unidad de acción de los partidos de oposición, se obtuvo un triunfo importante que quizás no se pudo concretar en hechos favorables para una apertura democrática, debido a las artimañas y efugios del gobierno.

Esos triunfos mencionados se lograron, en buena medida, por la actividad de la Mesa de la Unidad Democrática, un centro alrededor del cual se tejió una sólida unidad de acción. Desafortunadamente, con el paso del tiempo, apetencias personales y una campaña de descrédito por parte del régimen, motivaron el inicio de la ruptura de aquel monolito, de aquella unidad de acción, comenzaron a formarse fisuras que cada vez se fueron haciendo más grandes hasta llegar a la desbandada de los participantes en la Mesa de la Unidad Democrática, en momentos cuando más se necesitaba estar unidos.

Desde enero de este año 2019, surgió una situación muy especial que fue el desconocimiento de un nuevo período de gobierno de Nicolás Maduro, tanto por el pueblo venezolano como por gran parte de la comunidad internacional, debido a que fue el resultado de unas elecciones consideradas fraudulentas, ilegales. Constitucionalmente, surge un gobierno interino al frente del cual, de acuerdo a la constitución venezolana, queda como presidente encargado el presidente de la Asamblea Nacional, que desde ese momento ha sido el joven ingeniero Juan Guaidó.

Guaidó, dando muestras de una gran capacidad de liderazgo, logró, en pocos días, aglutinar a su alrededor a más del 80% de la población, pero paralelamente demostró una extraordinaria valentía y apego a la constitución y las leyes, que le valió el reconocimiento de unos sesenta países, dentro de los cuales se encuentran las más grandes potencias del mundo con excepción de Rusia y China que tienen otros intereses. Ni siquiera Chávez, que en su momento fue un fenómeno de liderazgo nacional, hubiera logrado esto como lo ha hecho Juan Guaidó, sin el apoyo de los medios y con la hostilidad de las fuerzas públicas y del régimen en general. Por supuesto, esto preocupa al régimen, quien tiene una feroz batalla contra Guaidó, utilizando todos los recursos posibles para desacreditarlo ante la opinión pública, atomizar las fuerzas opositoras, que divididas no llegarán al final de un camino victorioso.

Venezuela tiene una nueva oportunidad para lograr el anhelado cambio hacia un gobierno de progreso y bienestar, pero es absolutamente necesario que todo el pueblo permanezca unido alrededor de este nuevo líder Juan Guaidó, a quien la casualidad lo ha llevado a ese prominente lugar que él ha sabido mantener con inteligencia y valentía. No se debe caer en las trampas divisorias y desesperanzadoras  del régimen.


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Agosto de 2019

miércoles, 19 de junio de 2019

La enfermedad holandesa y la agricultura venezolana



Se puede aseverar que Venezuela fue un país rural hasta el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo e inicio de su explotación. Esto trajo como consecuencia inmediata la movilización de muchas personas hacia las zonas donde había petróleo, se fueron desarrollando esos poblados y se fue descuidando el campo en las regiones agrícolas.

Por supuesto, las mejores condiciones salariales, y en general, de beneficios socio económicos, se convirtieron en un imán para atraer trabajadores, para atraer mano de obra hacia las zonas petroleras. Desde la época colonial, Venezuela se caracterizó por exportar café y cacao como base de su economía. Los “Grandes Cacao” eran familias que se enriquecieron con la producción y exportación de cacao hacia Europa, con lo cual lograron excelentes condiciones de vida, y en esa época, todo aquel que acumulaba riquezas y adquiría un elevado nivel de vida era llamado “Gran Cacao”. Aún en la Venezuela del siglo XXI, algunos viejos ciudadanos utilizan esta expresión para identificar a las familias ricas.

Con el incremento de las exportaciones petroleras, cuando Venezuela llegó a ser el primer país exportador de petróleo del mundo, poco a poco la “Enfermedad Holandesa” fue carcomiendo la economía del país. Esta enfermedad, que es un término utilizado en economía, también es conocido como “Mal Holandés” o “Síndrome Holandés”, y se refiere a los efectos negativos que provoca en la economía de un país un repentino y desmedido incremento del ingreso de divisas, ocasionado por la exportación de algún recurso natural como minerales preciosos, hidrocarburos, café, etc, o por algún crecimiento importante de la inversión extranjera directa.

El nombre deriva de lo ocurrido en los Países Bajos en los años sesenta del siglo XX, cuando se incrementó violentamente el ingreso de divisas luego del descubrimiento y explotación de grandes yacimientos de gas natural hacia el Mar del Norte. Consecuentemente, el florín, que es la moneda holandesa, se apreció y aumentó su cotización en el mercado de divisas afectando negativamente la competitividad de las exportaciones de otros bienes o recursos del país.

Aún cuando el nombre de esta distorsión en la economía de un país se relaciona con Holanda y es de reciente cuño (1960), este modelo se ha utilizado para explicar los efectos que tuvo en la España del siglo XVI el ingreso de los tesoros enviados desde América, o los efectos perniciosos que tuvo sobre la economía australiana el descubrimiento de oro por allá por el año 1850, y más recientemente, las distorsiones de la economía venezolana derivadas de los altos precios del petróleo.

El “Síndrome Holandés” ha originado en Venezuela, por muchos años, la apreciación del bolívar que es la moneda nacional; además, reducción significativa de la producción interna en sectores tradicionales de la economía como es el caso de la agricultura y las industrias manufactureras. Estos productos para el consumo interno han tenido que enfrentar una desproporcionada competencia con productos importados de menor precio; y los productos para exportación, se ubican en desventaja por la elevada apreciación de la moneda local.

La situación de bonanza petrolera ha promovido la inyección interna de elevados recursos, elevando el circulante, que sin una adecuada contrapartida en la oferta de bienes y servicios provoca continuos incrementos en los índices de inflación. Actualmente, Venezuela ha alcanzado la mayor distorsión económica de su historia, y a pesar de sus riquezas, se encuentra en una situación crítica de pobreza, además de haber contraído altísimos niveles de endeudamiento externo.

La “Enfermedad Holandesa” agobia a la población venezolana y ha afectado profundamente la agricultura. Para 2018 se estimó que apenas se produjo 20% de los requerimientos alimenticios de los treinta millones de venezolanos, y las expectativas para el 2019, son aún peores. Con la renta petrolera se sigue importando alimentos en lugar de promover y apoyar la producción interna. Las divisa parece que se están agotando complicando estas importaciones, por lo que el futuro que se le presenta a la población es de mayor escasez de alimentos cada día. Tenemos que “sembrar el petróleo” y superar el “Síndrome Holandés”, tal como lo han logrado otros países como Finlandia, Australia, Holanda, Noruega, Chile y otros.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Junio de 2019.

martes, 4 de junio de 2019

Otro mayo que pasa



En el campo venezolano, el mes de mayo siempre ha sido esperado por los agricultores, y en general, por las familias campesinas, para iniciar la siembra de las semillas que generarán los alimentos, que generarán los beneficios para disfrutar de una vida confortable y plena luego de meses de arduo trabajo fertilizando los terrenos, limpiándolos, controlando plagas, recolectando los frutos de la labor, despachándolos a los sitios de acopio o de consumo, vendiéndolos.

¿Por qué el mes de mayo? Porque es cuando se inicia el período de lluvias en casi todo el territorio nacional. Lluvias que saciarán la sed de los suelos resecos por el fuerte y prolongado verano. Agua de la lluvia que será retenida en los poros del suelo para alimentar a las plantas, cuyas raíces hurgarán el suelo buscando sus alimentos diarios disueltos en este maravilloso líquido.

Es el mes cuando los campos reverdecen, cuando se ablandan suficientemente para que las semillas germinen y las pequeñas plantas puedan emerger y continuar su vida, libres en el espacio y bañadas por el sol, para fotosintetizar y producir materia orgánica, alimentos directos o indirectos para los organismos heterotróficos que habitamos la tierra.

Cuando llega mayo ya las fincas están repletas de los insumos necesarios para la siembra: fertilizantes y semillas, herbicidas e insecticidas, llenan galpones y anaqueles. Tractores a tono y equipos agrícolas como rastras, abonadoras, sembradoras, asperjadoras y otros, en perfecto estado y chequeados en campo. Todo eso acompañado de la algarabía de los trabajadores, operadores de maquinarias, obreros de todo tipo, la satisfacción del agricultor coordinando las actividades, en la fresca madrugada que cada día es aromatizada por la fragancia de un café recién colado.

Cuando finaliza mayo, cuando pasa mayo, ya los campos están sembrados, y la esperanza del agricultor en un nuevo ciclo de cultivo se encuentra sustentada por el arduo trabajo realizado hasta la fecha. Por eso el mes de mayo es tan esperado por los productores del campo, comenzando allí la producción de alimentos para la población del país.

Hasta hace pocos años, quizás diez años atrás, se logró producir un 70% o más de los alimentos requeridos por los treinta millones de venezolanos; sin embargo, ese porcentaje ha venido en picada hasta llegar el año pasado, 2018, a estimarse que solo se produjo alimentos para cubrir el 20% de los requerimientos. Pero las expectativas para este año, 2019, son aún peores, más desalentadoras, cuando se está estimando que ni siquiera se llegará al 20% de los requerimientos.

Estos años sin agricultura, con nuestros campos vacíos, el agua de la lluvia se irá fluyendo a través de ríos, caños y quebradas de cada cuenca hidrográfica, a perderse en su mayoría hacia el mar. La que infiltra en el suelo se irá a los acuíferos profundos o se evaporará desde los poros de suelo para perderse en la atmósfera. No habrá raíces suficientes que la puedan utilizar, más allá de las raíces de malezas que ocuparán los espacios donde deberían estar plantas de maíz, arroz, soya, caña de azúcar, girasol, algodón, hortalizas, raíces y tubérculos, y otras.

Por eso decimos que pasó otro mayo, el cual perdimos nuevamente por la incuria e ignorancia de nuestros gobernantes, o por su mala intención, quien sabe…..


Pedro Raúl Solórzano Peraza
Mayo 2019

Planes para el día después. Agricultura XIX. La magia de la agricultura




Llegan las lluvias,
despiertan los lirios sabaneros
y las aguas comienzan a llenar
las áreas que ocupan los esteros.

Los pastos comienzan a brotar
como verdes alfombras en potreros,
y el ganado agradecido va a pastar
para comenzar a llenar sus cuerpos lastimeros.

Los frutales se muestran
pletóricos de flores,
para formar abundancia de frutos
con tan amplia gama de sabores.

Los maizales florecen
y se pintan de amarillo
cuando el polen vuela enloquecido
para llegar a arropar a los pistilos.

Al lado, los campos de sorgo,
millones de granos enrojecidos
alimentos de pollos y porcinos,
satisfacción del productor agradecido.

Tierras planas y pesadas
donde destacan nutridos arrozales
con sus espigas doradas, agitadas,
al impulso de vientos matinales.

Girasoles que retan la belleza
con sus cabezas circulares y de oro,
llenas de semillas aceitosas
que para el productor, representan un tesoro.

Agricultura bajo techos y sin ellos,
de cebollas, tomates, pimentones,
corazón de guisos y ensaladas
que en las cocinas se preparan a montones.

Cañaverales en flor, raíces y tubérculos,
patillas, pepinos y melones,
multitud de alimentos producidos
en estas tierras de tropicales condiciones.

Así es la magia de la agricultura tropical, variada en especies y en sabores, en paisajes, en tecnologías, en sistemas de producción, en agricultores, pero todos empeñados en producir alimentos para la población, en producir forrajes para el ganado, fibras textiles, flores, madera para construcción y mobiliarios, en fin, todo lo que se le pueda sacar racionalmente a estas maravillosas y disímiles tierras que cubren nuestro territorio.

Pedro Raúl Solórzano Peraza
Mayo de 2019.